RED MUNDIAL DE ORACÍON DEL PAPA
MINECRAFT/ES
INTENCÍON DEL SANTO PADRE
MÊS DE AGOSTO
"Por los migrantes y los refugiados"
Intención:
Para que quienes se ven obligados a abandonar su tierra encuentren acogida, protección e integración, y para que las naciones promuevan políticas basadas en la solidaridad y el respeto por la vida.
Oracíon
(Papa Francisco, 24 de Mayo de 2024)
Dios, Padre omnipotente,
somos vuestra Iglesia peregrina en camino hacia el Reino de los Cielos.
Habitamos, cada uno, en nuestra propia patria, pero como si fuéramos extranjeros.
Cada tierra extranjera es nuestra patria y, sin embargo, toda patria es, para nosotros, tierra extranjera.
Vivimos en la tierra, pero nuestra ciudadanía está en el Cielo.
No permitáis que nos convirtamos en dueños de la porción del mundo que nos habéis dado como morada temporal.
Ayudadnos a no dejar nunca de caminar, junto con nuestros hermanos y hermanas migrantes, hacia la morada eterna que Vos nos habéis preparado.
Abrid nuestros ojos y nuestro corazón para que cada encuentro con quien está necesitado se convierta en un encuentro con Jesús, vuestro Hijo y nuestro Señor.
Amén.
Reflexíon:
Pe. Aaron Quintero
Queridos hermanos y hermanas en Cristo de nuestra comunidad católica de Minecraft: en el marco del mes de agosto, el Santo Padre nos pide por los migrantes y refugiados, personas que, con notable entrega, fungen en la misión evangelizadora de anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios a todos los rincones del orbe.
Con frecuencia las imaginamos como individuos dichosos que gozan de estabilidad, pero no es así: muchos de ellos pernoctan en lugares distintos, a menudo en la calle, y el entorno carece de la dignidad debida. Sin embargo, por llevar a Cristo, todo es posible y nada fatiga. Cristo murió por la verdad; ¿quiénes somos nosotros para siquiera negarnos a propagar el Evangelio de Jesucristo?
El Evangelio de Mateo nos lega una reflexión trascendental: "Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis..." Es el mismo Jesús quien nos dice: "No temas, no flaquees, no dudes, porque yo estoy contigo; soy tu Dios y te sostengo". No obstante, en nuestra vida cotidiana a veces no creemos en ese Dios vivo, sino en un Dios que permaneció en el sepulcro o clavado en la cruz. Pero no debemos adherirnos a esa imagen, sino al Dios que, sin reservas, nos dio todo inmolándose en el madero.
También lo proclama el libro del Deuteronomio: "Él hace justicia al huérfano y a la viuda, y llama al forastero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al forastero, porque forasteros fuisteis vosotros en Egipto". Esta es una enseñanza capital. Solemos creer que, por no ser de nuestra familia o por ser desconocidas, podemos tratarlas con indiferencia o menosprecio, y no es así. Dios nos ordena amarnos los unos a los otros. Él, en su infinita misericordia, en la intimidad del Cenáculo, les dijo: "Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros como yo los he amado". Por tanto, en toda nuestra cotidianidad y en la humildad de nuestro servicio, debemos profesar ese amor que no se acaba, que no se cansa y, sobre todo, que siempre está presente: el amor de Dios.
Así como aspiramos a amar incondicionalmente al prójimo como a nosotros mismos, debemos propagar ese amor hasta donde alcancemos. Hoy contemplamos gobiernos corruptos y jerarquías que no promueven la unidad territorial; lamentablemente, estas conductas no provienen de Dios, porque Él es un Dios de orden, no de desorden. Por eso Jesús nos manda que practiquemos la solidaridad junto al amor, porque Él se hará presente en medio de nosotros.
Que el Espíritu Santo, como fuente de luz y bajo el don del entendimiento, nos haga ver aquello que nos falta; y que en lo más hondo de nuestros corazones nos formulemos estas preguntas: ¿me falta amor?, ¿me falta solidaridad?, ¿me falta cariño?, ¿me falta empatía? Pongamos todo ello a los pies del Altísimo, para que, de la mano de María, seamos colmados de gracia y bendición.
Que así sea.
Roma, 4 de agosto de 2026.

