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Periódico Litúrgico | Solemnidad De San Pedro Y San Pablo, Apóstoles - Misa Vespertina De La Vigilia


PERIÓDICO LITÚRGICO

SOLEMNIDAD DE
SAN PEDRO SAN PABLO, APÓSTOLES
MISA VESPERTINA DE LA VIGILIA

28.06.2026

______________

RITOS INICIALES

CANTO DE ENTRADA
(Vamos Caminando - Eduardo Ojeda)

Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

VAMOS CAMINANDO A LA CASA DEL SEÑOR,
JUNTOS COMO HERMANOS EN UN GRAN LAZO DE AMOR.
PORQUE CRISTO HA DEMOSTRADO CON SUS OBRAS LA VERDAD,
PORQUE SOLO UN BUEN APÓSTOL SENTIRÁ FELICIDAD,
PORQUE EL MUNDO NECESITA MUCHA PAZ Y LIBERTAD,
ES POR ESO QUE VENIMOS A CANTAR A DIOS.
YA ESTAMOS TODOS EN LA CASA DEL SEÑOR.

ANTÍFONA DE ENTRADA

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
℣.: San Pedro apóstol y San Pablo, maestro de los gentiles, nos enseñaron tu ley, Señor.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.

Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
℣.Hermanos y hermanas, en esta Celebración la Iglesia nos invita a contemplar el testimonio de estos dos grandes Apóstoles, columnas de la fe y anunciadores incansables del Evangelio. Su fidelidad a Cristo hasta el martirio nos anima a permanecer firmes en la fe y generosos en la misión que el Señor nos confía. Con alegría dispongámonos a celebrar esta Santa Eucaristía, pidiendo al Señor que fortalezca a su Iglesia y nos conceda seguir siempre el ejemplo de los santos Apóstoles.

ACTO PENITENCIAL
 
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo: 
Pres.: Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice: 
Pres.: Señor, ten misericordia de nosotros. 
℟.: Porque hemos pecado contra ti.

Pres.: Muéstranos Señor tu misericordia-.
℟.: Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
GLORIA
 (Del Misal Romano)

℟.: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Concédenos, Señor Dios nuestro, que nos ayude la intercesión de los apóstoles san Pedro y san Pablo, por quienes diste a tu Iglesia las primicias de la obra salvadora y, por ellos, otórganos el auxilio para alcanzar la salvación eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Hch 3, 1-10)

Te doy lo que tengo: en el Nombre de Jesús,
levántate y camina 

Lector: Del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En una ocasión, Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.

Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: «Míranos».

El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el Nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina». Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos. Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Toda la gente lo vio caminar y alabar a Dios.

Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal 103)
 
℟. El mensaje del Señor resuena en toda la tierra.

Los cielos proclaman la gloria de Dios
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Un día comunica su mensaje al otro día
y una noche se lo transmite a la otra noche. ℟.

Sin que pronuncien una palabra,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra llega su sonido
y su mensaje hasta el fin del mundo. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Gal 1, 11-20)

Dios me eligió desde el vientre de mi madre
 
Lector: De la primera carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.
Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado no proviene de los hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones paternas.

Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó. Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos. Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y después regresé a Damasco. Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para ver a Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.

Y Dios es testigo de que no miento en lo que les escribo.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Jn. 21, 17)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
  
℣.: SEÑOR, TÚ LO SABES TODO; TÚ SABES BIEN LO QUE QUIERO.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

EVANGELIO
(Jn 21, 15-19)

Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
Lectura del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: 
En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras’’. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

CREDO
(Símbolo Apostólico)
 
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
℟.: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL
 
Pres.: Hermanos y hermanas, unidos en la fe que profesaron los santos apóstoles Pedro y Pablo, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, para que escuche la oración de su Iglesia y conceda al mundo los dones de la unidad, la paz y la esperanza. 
℟.: Te rogamos, Señor.

1. Por la santa Iglesia de Dios, para que, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles, permanezca fiel al Evangelio y anuncie con valentía a Cristo resucitado en todos los pueblos. Roguemos al Señor.

2. Por nuestro Papa Benedicto, por todos los obispos, presbíteros y diáconos, para que, fortalecidos por el ejemplo de san Pedro y san Pablo, ejerzan con fidelidad el ministerio que el Señor les ha confiado y conduzcan al pueblo santo de Dios por caminos de verdad y santidad. Roguemos al Señor.

3. Por el pueblo venezolano, especialmente por quienes sufren a causa de las dificultades causadas por los recientes desastres naturales, para que el Señor les conceda fortaleza, reconciliación, justicia y una paz duradera. Roguemos al Señor.

4. Por aquellos que serán llamados a formar parte del Colegio Cardenalicio, para que el Espíritu Santo los ilumine, los fortalezca en la fe y los haga colaboradores fieles del Romano Pontífice al servicio de toda la Iglesia.

5. Por nuestra Comunidad, para que, viviendo la comunión eclesial también en el ámbito digital, crezca en la fe, en la caridad y en el espíritu misionero, siendo siempre un espacio de evangelización, fraternidad y auténtico encuentro con Cristo.

Pres.: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los santos apóstoles Pedro y Pablo anunciar con valentía el Evangelio y confirmar a la Iglesia en la fe, escucha las súplicas que con confianza te presentamos y haz que, siguiendo su ejemplo, permanezcamos siempre fieles a Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Acepta Señor El Vino Y El Pan - Joaquín Madurga)
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

ACEPTA SEÑOR, EL VINO Y EL PAN
CON ELLOS TRAEMOS LA OFRENDA A TU ALTAR

SOBRE EL ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
EL ABRAZO SINCERO AL HERMANO
PERDONÁNDONOS NUESTRAS OFENSAS

SOBRE EL ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
TRABAJAR POR UN MUNDO MÁS JUSTO
DE IGUALDAD Y CONCORDIA FRATERNA

SOBRE LA ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
CONVERTIR NUESTRA VIDA PASADA
AL MENSAJE DE TU BUENA NUEVA

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Presentamos en tu altar estas ofrendas, Señor, en la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo, y ya que no podemos confiar en nuestros propios méritos concédenos la alegría de ser salvados sólo por tu misericordia. Por Jesucristo, Nuestro Señor.
℟.: Amén.

PREFACIO
(La doble misión de Pedro y Pablo en la Iglesia)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.:
Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque en los Apóstoles san Pedro y san Pablo nos das un motivo de gran alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el insigne maestro que la interpretó; aquél formó la primera Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió entre los paganos llamados a la fe.

Ambos congregaron, por diversos caminos, a la única familia de Cristo y, coronados por un mismo martirio, son igualmente venerados por tu pueblo.

Por eso, con los santos y los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El sacerdote dice:
Pres.:
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
 
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.:
Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: 
 Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
 
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
 
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
 
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
 
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.:
Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.: 
 Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.:
Amén.

CANTO DE COMUNIÓN
(Señor A Quien Irémos - Alejandro Mejía)
 
SEÑOR A QUIEN IREMOS
TU TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.

SOY EL PAN QUE OS DA LA VIDA ETERNA,
EL QUE VIENE A MI NO TENDRÁ HAMBRE,
EL QUE VIENE A MI NO TENDRÁ SED
ASÍ HA HABLADO JESÚS.

NO BUSQUÉIS ALIMENTO QUE PERECE
SINO AQUEL QUE PERDURA ETERNAMENTE;
EL QUE OFRECE EL HIJO DEL HOMBRE
QUE EL PADRE OS HA ENVIADO.

NO ES MOISÉS QUIEN OS DIO EL PAN DEL CIELO
ES MI PADRE QUIEN DA PAN VERDADERO,
PORQUE EL PAN DE DIOS BAJA DEL CIELO
Y DA LA VIDA AL MUNDO.

PUES SI YO HE BAJADO DEL CIELO
NO ES PARA HACER MI VOLUNTAD
SINO LA VOLUNTAD DE MI PADRE
QUE ES DAR AL MUNDO LA VIDA.

SOY EL PAN VIVO QUE DEL CIELO BAJA;
EL QUE COME DE ESTE PAN POR SIEMPRE VIVE.
PUES EL PAN QUE DARÉ ES MI CARNE,
QUE DA LA VIDA AL MUNDO.

EL QUE VIENE AL BANQUETE DE MI CUERPO
EN MI VIVE Y YO VIVO EN ÉL.
BROTARÁ EN ÉL LA VIDA ETERNA,
Y LO RESUCITARÉ

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cf. Jn 21, 15.17)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.: 
Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.:
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Te pedimos, Padre, que por estos sacramentos celestiales fortalezcas a tus fieles, a quienes iluminaste con las enseñanzas de los Apóstoles. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN SOLEMNE
(De San Pedro Y San Pablo)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Dios todopoderoso que los consolidó por el testimonio de san Pedro, y los estableció en la sólida fe de la Iglesia, los bendiga.
℟.: Amén.

Pres.: A ustedes, que fueron instruidos por la incansable predicación de san Pablo, con su ejemplo les conceda ganar a sus hermanos para Cristo.
℟.: Amén.

Pres.: Pedro por el poder de las llaves, Pablo por su doctrina, y ambos por su intercesión, nos conduzcan a la patria que ellos merecieron alcanzar, uno por la cruz y el otro por la espada.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

ANTIFONA MARIANA
(Bajo Tu Ampáro)

BAJO TU AMPARO NOS ACOGEMOS, SANTA MADRE DE DIOS; 

NO DESPRECIES LAS SÚPLICAS QUE TE DIRIGIMOS EN NUESTRAS NECESIDADES, ANTES BIEN, LÍBRANOS SIEMPRE DE TODO PELIGRO, 

¡OH VIRGEN GLORIOSA Y BENDITA! 

Después el sacerdote se retira a la sacristía.