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Periódico Litúrgico | Solemnidad De San Pedro y San Pablo, Apóstoles - Misa Del Día


PERIÓDICO LITÚRGICO

SOLEMNIDAD DE
SAN PEDRO Y SAN PABLO, 
APÓSTOLES
MISA DEL DÍA

29.06.2026

______________

RITOS INICIALES

CANTO DE ENTRADA
(Vamos Caminando - Eduardo Ojeda)

Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

VAMOS CAMINANDO A LA CASA DEL SEÑOR,
JUNTOS COMO HERMANOS EN UN GRAN LAZO DE AMOR.
PORQUE CRISTO HA DEMOSTRADO CON SUS OBRAS LA VERDAD,
PORQUE SOLO UN BUEN APÓSTOL SENTIRÁ FELICIDAD,
PORQUE EL MUNDO NECESITA MUCHA PAZ Y LIBERTAD,
ES POR ESO QUE VENIMOS A CANTAR A DIOS.
YA ESTAMOS TODOS EN LA CASA DEL SEÑOR.

ANTÍFONA DE ENTRADA

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
℣.: Éstos son los que, viviendo en nuestra carne, con su sangre fecundaron a la Iglesia, bebieron del cáliz del Señor, y fueron hechos amigos suyos.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.

Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La paz, la caridad y la fe, de parte de Dios Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
℣.: Hermanos y hermanas, en esta Celebración la Iglesia nos invita a contemplar el testimonio de estos dos grandes Apóstoles, columnas de la fe y anunciadores incansables del Evangelio. Su fidelidad a Cristo hasta el martirio nos anima a permanecer firmes en la fe y generosos en la misión que el Señor nos confía. Con alegría dispongámonos a celebrar esta Santa Eucaristía, pidiendo al Señor que fortalezca a su Iglesia y nos conceda seguir siempre el ejemplo de los santos Apóstoles.

ACTO PENITENCIAL
 
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo: 
Pres.: Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, el sacerdote dice: 
Pres.: Señor, ten misericordia de nosotros. 
℟.: Porque hemos pecado contra ti.

Pres.: Muéstranos Señor tu misericordia-.
℟.: Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
GLORIA
 (Del Misal Romano)

℟.: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios nuestro, tú que nos llenas de una venerable y santa alegría en la solemnidad de tus santos apóstoles Pedro y Pablo, concede a tu Iglesia que se mantenga siempre fiel a todas las enseñanzas de aquellos por quienes comenzó la propagación de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Hch 12, 1-11)

Ahora si estoy seguro de que el Señor envió a su ángel, 
para librarme de las manos de Herodes.

Lector: Del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, el rey Herodes mandó apresar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan, y viendo que eso agradaba a los judíos, también hizo apresar a Pedro. Esto sucedió durante los días de la fiesta de los panes Ázimos. Después de apresarlo, lo hizo encarcelar y lo puso bajo la vigilancia de cuatro turnos de guardia, de cuatro soldados cada turno. Su intención era hacerlo comparecer ante el pueblo después de la Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel, la comunidad no cesaba de orar a Dios por él.

La noche anterior al día en que Herodes iba a hacerlo comparecer ante el pueblo, Pedro estaba durmiendo entre dos soldados, atado con dos cadenas y los centinelas cuidaban la puerta de la prisión. De pronto apareció el ángel del Señor y el calabozo se llenó de luz. El ángel tocó a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo: “Levántate pronto”. Entonces las cadenas que le sujetaban las manos se le cayeron. El ángel le dijo: “Cíñete la túnica y ponte las sandalias”, y Pedro obedeció. Después le dijo: “Ponte el manto y sígueme”. Pedro salió detrás de él, sin saber si era verdad o no lo que el ángel hacía, y le parecía más bien que estaba soñando. Pasaron el primero y el segundo puesto de guardia y llegaron a la puerta de hierro que daba a la calle. La puerta se abrió sola delante de ellos. Salieron y caminaron hasta la esquina de la calle y de pronto el ángel desapareció.

Entonces, Pedro se dio cuenta de lo que pasaba y dijo: ‘’Ahora sí estoy seguro de que el Señor envió a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de todo cuanto el pueblo judío esperaba que me hicieran”.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL
(Sal 103)
 
℟. El Señor me libró de todos mis temores.

Bendeciré al Señor a todas horas, 
no cesará mi boca de alabarlo. 
Yo me siento orgulloso del Señor, 
que se alegre su pueblo al escucharlo.  ℟.

Proclamemos la grandeza del Señor 
y alabemos todos juntos su poder. 
Cuando acudí al Señor, me hizo caso 
y me libró de todos mis temores. ℟.

Confía en el Señor y saltarás de gusto, 
jamás te sentirás decepcionado, 
porque el Señor escucha el clamor de los pobres 
y los libra de todas sus angustias. ℟.

Junto a aquellos que temen al Señor 
el ángel del Señor acampa y los protege. 
Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor. 
Dichoso el hombre que se refugia en él. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Tm 4, 6-8. 17-18)

Ahora sólo espero la corona recibida
 
Lector: De la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo.
Querido hermano: 
Ha llegado para mí la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento.

Cuando todos me abandonaron, el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando que todos los peligros y me llevará sano y salvo a su Reino celestial.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Mt 16, 18)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
  
℣.: TÚ ERES PEDRO, Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA, Y LOS PODERES DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN SOBRE ELLA, DICE EL SEÑOR.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.:
El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

EVANGELIO
(Mt 16,13-19)

Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos.
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: 
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”. Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “y ustedes ¿quién dicen que soy yo?”. Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. 

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

CREDO
(Símbolo Apostólico)
 
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
℟.: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL
 
Pres.: Hermanos y hermanas, unidos en la fe que profesaron los santos apóstoles Pedro y Pablo, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, para que escuche la oración de su Iglesia y conceda al mundo los dones de la unidad, la paz y la esperanza. 
℟.: Te rogamos, Señor.

1. Por la santa Iglesia de Dios, para que, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles, permanezca fiel al Evangelio y anuncie con valentía a Cristo resucitado en todos los pueblos. Roguemos al Señor.

2. Por nuestro Papa Benedicto, por todos los obispos, presbíteros y diáconos, para que, fortalecidos por el ejemplo de san Pedro y san Pablo, ejerzan con fidelidad el ministerio que el Señor les ha confiado y conduzcan al pueblo santo de Dios por caminos de verdad y santidad. Roguemos al Señor.

3. Por el pueblo venezolano, especialmente por quienes sufren a causa de las dificultades causadas por los recientes desastres naturales, para que el Señor les conceda fortaleza, reconciliación, justicia y una paz duradera. Roguemos al Señor.

4. Por aquellos que serán llamados a formar parte del Colegio Cardenalicio, para que el Espíritu Santo los ilumine, los fortalezca en la fe y los haga colaboradores fieles del Romano Pontífice al servicio de toda la Iglesia.

5. Por nuestra Comunidad, para que, viviendo la comunión eclesial también en el ámbito digital, crezca en la fe, en la caridad y en el espíritu misionero, siendo siempre un espacio de evangelización, fraternidad y auténtico encuentro con Cristo.

Pres.: Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los santos apóstoles Pedro y Pablo anunciar con valentía el Evangelio y confirmar a la Iglesia en la fe, escucha las súplicas que con confianza te presentamos y haz que, siguiendo su ejemplo, permanezcamos siempre fieles a Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Acepta Señor El Vino Y El Pan - Joaquín Madurga)
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

ACEPTA SEÑOR, EL VINO Y EL PAN
CON ELLOS TRAEMOS LA OFRENDA A TU ALTAR

SOBRE EL ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
EL ABRAZO SINCERO AL HERMANO
PERDONÁNDONOS NUESTRAS OFENSAS

SOBRE EL ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
TRABAJAR POR UN MUNDO MÁS JUSTO
DE IGUALDAD Y CONCORDIA FRATERNA

SOBRE LA ALTAR SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA
CONVERTIR NUESTRA VIDA PASADA
AL MENSAJE DE TU BUENA NUEVA

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.

Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Haz, Señor, que la oración de tus santos Apóstoles acompañe la ofrenda que te presentamos, y nos permita celebrar con devoción este santo sacrificio. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

PREFACIO
(La doble misión de Pedro y Pablo en la Iglesia)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.:
Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.:
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque en los Apóstoles san Pedro y san Pablo nos das un motivo de gran alegría: Pedro fue el primero en confesar la fe, Pablo, el insigne maestro que la interpretó; aquél formó la primera Iglesia con el resto de Israel, éste la extendió entre los paganos llamados a la fe.

Ambos congregaron, por diversos caminos, a la única familia de Cristo y, coronados por un mismo martirio, son igualmente venerados por tu pueblo.

Por eso, con los santos y los ángeles, te alabamos, diciendo sin cesar:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El sacerdote dice:
Pres.:
SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
 
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.:
Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: 
 Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:
Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.:
Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
 
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
 
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
 
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
 
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.:
Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.:
Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.: 
 Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.:
Amén.

CANTO DE COMUNIÓN
(Señor A Quien Irémos - Alejandro Mejía)
 
SEÑOR A QUIEN IREMOS
TU TIENES PALABRAS DE VIDA
NOSOTROS HEMOS CREÍDO
QUE TÚ ERES EL HIJO DE DIOS.

SOY EL PAN QUE OS DA LA VIDA ETERNA,
EL QUE VIENE A MI NO TENDRÁ HAMBRE,
EL QUE VIENE A MI NO TENDRÁ SED
ASÍ HA HABLADO JESÚS.

NO BUSQUÉIS ALIMENTO QUE PERECE
SINO AQUEL QUE PERDURA ETERNAMENTE;
EL QUE OFRECE EL HIJO DEL HOMBRE
QUE EL PADRE OS HA ENVIADO.

NO ES MOISÉS QUIEN OS DIO EL PAN DEL CIELO
ES MI PADRE QUIEN DA PAN VERDADERO,
PORQUE EL PAN DE DIOS BAJA DEL CIELO
Y DA LA VIDA AL MUNDO.

PUES SI YO HE BAJADO DEL CIELO
NO ES PARA HACER MI VOLUNTAD
SINO LA VOLUNTAD DE MI PADRE
QUE ES DAR AL MUNDO LA VIDA.

SOY EL PAN VIVO QUE DEL CIELO BAJA;
EL QUE COME DE ESTE PAN POR SIEMPRE VIVE.
PUES EL PAN QUE DARÉ ES MI CARNE,
QUE DA LA VIDA AL MUNDO.

EL QUE VIENE AL BANQUETE DE MI CUERPO
EN MI VIVE Y YO VIVO EN ÉL.
BROTARÁ EN ÉL LA VIDA ETERNA,
Y LO RESUCITARÉ

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Mt 16, 16. 18)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.: 
Dijo Pedro a Jesús: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.:
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Renovados por este sacramento, Señor, concédenos vivir de tal manera en tu Iglesia que, perseverando en la fracción del pan y en la enseñanza de los Apóstoles, tengamos un solo corazón y un mismo espíritu, fortalecidos por tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN SOLEMNE
(De San Pedro Y San Pablo)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Dios todopoderoso que los consolidó por el testimonio de san Pedro, y los estableció en la sólida fe de la Iglesia, los bendiga.
℟.: Amén.

Pres.: A ustedes, que fueron instruidos por la incansable predicación de san Pablo, con su ejemplo les conceda ganar a sus hermanos para Cristo.
℟.: Amén.

Pres.: Pedro por el poder de las llaves, Pablo por su doctrina, y ambos por su intercesión, nos conduzcan a la patria que ellos merecieron alcanzar, uno por la cruz y el otro por la espada.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

ANTIFONA MARIANA
(Bajo Tu Ampáro)

BAJO TU AMPARO NOS ACOGEMOS, SANTA MADRE DE DIOS; 

NO DESPRECIES LAS SÚPLICAS QUE TE DIRIGIMOS EN NUESTRAS NECESIDADES, ANTES BIEN, LÍBRANOS SIEMPRE DE TODO PELIGRO, 

¡OH VIRGEN GLORIOSA Y BENDITA! 

Después el sacerdote se retira a la sacristía.