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Periódico Litúrgico | II Domingo De Pascua


PERIÓDICO LITÚRGICO

II DOMINGO DE PASCUA
"DE LA DIVINA MISERICORDIA"

12.04.2026

RITOS INICIALES

CANTO DE ENTRADA
(El Cielo Canta Alegría)

Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

EL CIELO CANTA ALEGRÍA ALELUYA 
PORQUE EN TU VIDA Y LA MIA 
BRILLA LA GLORIA DE DIOS.
ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA.

EL CIELO CANTA ALEGRÍA ALELUYA 
PORQUE TU VIDA Y LA MÍA 
LA UNE EL AMOR DE DIOS.
ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA.

EL CIELO CANTA ALEGRÍA ALELUYA 
PORQUE TU VIDA Y LA MÍA 
PROCLAMARAN AL SEÑOR.
ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.

ANTÍFONA DE ENTRADA
(1 Pe 2, 2)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Como niños recién nacidos, anhelen una leche pura y espiritual que los haga crecer hacia la salvación. Aleluya.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.

Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Dios de la Vida, que ha resucitado a Jesucristo rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
Hermanos y hermanas, en este Segundo Domingo de Pascua, la Iglesia nos invita a contemplar a Cristo resucitado que se hace presente en medio de sus discípulos y fortalece su fe. Él nos regala su paz y nos llama a creer, incluso en medio de nuestras dudas. Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía con alegría pascual, confiando en la misericordia del Señor que renueva nuestra vida.

RITO DE LA ASPERSIÓN

Después del saludo, el sacerdote, de pie junto a la silla, de cara al pueblo, con el recipiente con el agua que se va a bendecir delante de él, invita al pueblo a orar, con estas o similares palabras:
Pres.: Queridos hermanos, invoquemos la bendición de Dios, nuestro Padre, para que este rito de la aspersión, reavive en nosotros la gracia del bautismo por el cual nosotros fuimos inmersos en la Muerte redentora del Señor para que nosotros resucitásemos a una vida nueva.

                                                              

Si no se cuenta con el agua bendecida, el sacerdote dice la siguiente oración para bendecir el agua:
Pres.: Señor, Dios todopoderoso, escucha benignamente las oraciones de tu pueblo. Mientras celebramos la maravilla de nuestra creación y la maravilla aún mayor de nuestra redención, dígnate bendecir esta agua. Fuiste tú quien lo creó para fertilizar la tierra, lavar nuestros cuerpos y restaurar nuestras fuerzas. La hiciste también instrumento de tu misericordia: por ella liberaste a tu pueblo del cautiverio y calmaste su sed en el desierto: por ella los profetas anunciaron tu alianza que quisiste concluir con la humanidad: por ella finalmente, consagrada por Cristo en el Jordán, renovaste, mediante el baño del nuevo nacimiento, nuestra humanidad herida por el pecado. Que esta agua sea para nosotros un recuerdo de nuestro Bautismo y nos haga participar de la alegría de aquellos que fueron bautizados en Pascua. Por Cristo nuestro Señor.
℟.: Amén.
                                                              

Luego, tomando el hisopo, el sacerdote se rocía a sí mismo, a los ministros, luego al clero y al pueblo, recorriendo la iglesia si es necesario. 

Mientras tanto, se entona un canto apropiado.

Regresando a la sede y terminado el canto, el sacerdote, de pie, frente al pueblo, dice con las manos juntas: 
Pres.: Que Dios Todopoderoso nos purifique de nuestros pecados y, mediante la celebración de esta Eucaristía, nos haga dignos de participar de la mesa de su reino.
℟.: Amén.

GLORIA
 (Del Misal Romano)

℟.Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios de eterna misericordia, que reanimas la fe de este pueblo a ti consagrado con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros los dones de tu gracia, para que todos comprendamos mejor la excelencia del bautismo que nos ha purificado, la grandeza del Espíritu que nos ha regenerado y el precio de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Hch 2, 42-47)

 Los creyentes vivían unidos y todo lo tenían en común.

Lector: Del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En los primeros días de la Iglesia, todos los hermanos acudían asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión fraterna y se congregaban para orar en común y celebrar la fracción del pan. 

Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén. Todos los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de bienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos, según las necesidades de cada uno. 

Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. Y el Señor aumentaba cada día el número de los que habían de salvarse. 

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 117)
 
℟. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: “Su misericordia es eterna”.
Diga la casa de Aarón: “Su misericordia es eterna”. 
Digan los que temen al Señor: “Su misericordia es eterna”. ℟. 

Querían a empujones derribarme, 
pero Dios me ayudó.
El Señor es mi fuerza y mi alegría, 
en el Señor está mi salvación. ℟. 

La piedra que desecharon los constructores, 
es ahora la piedra angular. 
Esto es obra de la mano del Señor, 
es un milagro patente. 
Este es el día del triunfo del Señor, 
día de júbilo y de gozo. ℟. 

SEGUNDA LECTURA
(1Pe. 1, 3-9)
 
La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva.

Lector: De la primera carta del apóstol san Pedro.
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su gran misericordia, porque al resucitar a Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse y que él nos tiene reservada como herencia en el cielo. Porque ustedes tienen fe en Dios, él los protege con su poder, para que alcancen la salvación que les tiene preparada y que él revelará al final de los tiempos.

Por esta razón, alégrense, aun cuando ahora tengan que sufrir un poco por adversidades de todas clases, a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de alabanza, gloria y honor, el día de la manifestación de Cristo. Porque la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro se acrisola por el fuego.

A Cristo Jesús ustedes no lo han visto y, sin embargo, lo aman; al creer en él ahora, sin verlo, se llenan de una alegría radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que es la meta de la fe.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

SECUENCIA
(Opcional)

Todos se ponen de pie. Se canta o se lee la secuencia:

OFREZCAN LOS CRISTIANOS 
OFRENDAS DE ALABANZA 
A GLORIA DE LA VÍCTIMA 
PROPICIA DE LA PASCUA.

CORDERO SIN PECADO,
QUE A LAS OVEJAS SALVA,
A DIOS Y A LOS CULPABLES 
UNIÓ CON NUEVA ALIANZA.

LUCHARON VIDA Y MUERTE 
EN SINGULAR BATALLA,
Y, MUERTO EL QUE ES LA VIDA,
TRIUNFANTE SE LEVANTA.

“¿QUÉ HAS VISTO DE CAMINO,
MARÍA, EN LA MAÑANA?”
“A MI SEÑOR GLORIOSO,
LA TUMBA ABANDONADA,

LOS ÁNGELES TESTIGOS,
SUDARIOS Y MORTAJA.
¡RESUCITÓ DE VERAS 
MI AMOR Y MI ESPERANZA!

VENIDA A GALILEA,
ALLÍ EL SEÑOR AGUARDA;
ALLÍ VERÉIS LOS SUYOS 
LA GLORIA DE LA PASCUA ”.

PRIMICIA DE LOS MUERTOS,
SABEMOS POR TU GRACIA 
QUE ESTÁS RESUCITADO;
LA MUERTE EN TI NO MANDA.

REY VENCEDOR, APIÁDATE 
DE LA MISERIA HUMANA 
Y DA A TUS FIELES PARTE 
EN TU VICTORIA SANTA.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Jn 20, 29)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.TOMÁS, TÚ CREES, PORQUE ME HAS VISTO. DICHOSOS LOS QUE CREEN SIN HABERME VISTO. DICE EL SEÑOR
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.:
 El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.:
 Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.

EVANGELIO
(Jn 20, 19-31)
 
 
Ocho días después, se les apareció Jesús.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
 El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
 Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.:
 
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”. Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré”.

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Luego le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús añadió: “Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”. Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.

CREDO
(Símbolo Apostólico)
 
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
℟.: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

PLEGARIA UNIVERSAL
 
Pres.: Llenos de gozo por la santa resurrección del Señor purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu supliquemos al Señor, diciendo: 
℟.: Rey vencedor, escúchanos.

1. A Cristo, que ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles a las promesas del bautismo que renovaron en la noche santa de Pascua. Roguemos al Señor.

2. A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida conserven los dones que la misericordia del Padre les ha restituido. Roguemos al Señor.

3. A Cristo, que ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por los que –por no creer en su triunfo– viven sin esperanza. Roguemos al Señor.

4. A Cristo, que ha colmado de alegría a los pueblos y los ha enriquecido con sus dones, pidámosle que renueve la confianza de los que sufren y lloran. Roguemos al Señor.

5. A Cristo, que anunció la alegría a las mujeres y –por medio de las mujeres a los apóstoles– pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo. Roguemos al Señor.

Pres.: Señor, Dios nuestro, que en tu gran misericordia nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, escucha nuestra oración y acrecienta en nosotros la fe, para que creyendo en tu Hijo sin haberlo visto consigamos, la salvación de nuestras almas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Señor Te Ofrecemos El Vino Y El Pan)
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

SEÑOR, TE OFRECEMOS EL VINO Y EL PAN,
ASÍ RECORDAMOS LA CENA PASCUAL.

PORQUE TÚ SÓLO ERES BUENO, SEÑOR, 
QUEREMOS CANTAR.
TUS MISERICORDIAS ¿QUIÉN PODRÁ CANTAR?

SÓLO TÚ ERES NUESTRO AUXILIO, SEÑOR,
TÚ NOS SALVARÁS.
TUS MISERICORDIAS ¿QUIÉN PODRÁ CANTAR?

TÚ ERES NUESTRA FORTALEZA, SEÑOR, 
¿QUIÉN NOS VENCERÁ?
TUS MISERICORDIAS ¿QUIÉN PODRÁ CANTAR?

TE OFRECEMOS NUESTRAS VIDAS, SEÑOR, 
EN TORNO A TU ALTAR.
TUS MISERICORDIAS ¿QUIÉN PODRÁ CANTAR?

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Recibe, Señor, las ofrendas de tu pueblo, para que, renovados por la confesión de tu nombre y por el bautismo, consigamos la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO
(El misterio pascual)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: 
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca en este tiempo en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Porque Él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró nuestra vida.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero está llamado a la alegría junto con los ángeles y los arcángeles que cantan un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
 Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El sacerdote dice:
Pres.:
 SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
 
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo  y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
 
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
 
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
 
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
 
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia, en el día glorioso de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo según la carne. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.:
 Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: 
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
 Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
 Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
 Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: En el Espíritu de Cristo resucitado, dense fraternalmente la paz.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.:  Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: 
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
 El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.
COMUNIÓN
(Oh buen Jesús)

SEÑOR MÍO, DIOS MÍO

ACERCA TU DEDO, AQUÍ TIENES MIS MANOS,
ACERCA TU MANO A MI COSTADO.

DICHOSO QUIEN CREA SIN HABERME VISTO,
QUE TU FE SEA FUERTE EN MI PALABRA.

AUMENTA MI FE, SEÑOR, HAZME TU TESTIGO
PARA PROCLAMAR QUE SIGUES VIVO

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cf. Jn 20, 27)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.:
 Jesús dijo a Tomás: Acerca tu mano, toca los agujeros que dejaron los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.


Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: 
Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Dios todopoderoso, concédenos que la gracia recibida en este sacramento pascual permanezca siempre en nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN SOLEMNE
(De Pascua)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Dios Padre, que por la resurrección de su Unigénito los ha redimido y les ha dado la gracia de la adopción filial los colme con el gozo de su bendición.
℟.: Amén.

Pres.: Cristo, que por su redención les obtuvo la perfecta libertad, les conceda participar de la herencia eterna.
℟.: Amén.

Pres.: Y ustedes, resucitados con él en el bautismo por la fe, por medio de una vida santa puedan llegar a la patria celestial.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
 Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
 Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

ANTIFONA MARIANA
(Regina Coeli)
En Español
REINA DEL CIELO, ALÉGRATE, ALELUYA.
PORQUE  A QUIEN HAS LLEVADO EN TU VIENTRE, ALELUYA.

HA RESUCITADO SEGÚN SU PALABRA, ALELUYA.
RUEGA AL SEÑOR POR NOSOTROS, ALELUYA.

En Latín
REGINA CAELI, LAETARE, ALLELUIA.
QUIA QUEM MERUISTI PORTARE, ALLELUIA.

RESURREXIT, SICUT DIXIT, ALLELUIA.
ORA PRO NOBIS DEUM, ALLELUIA.