PERIÓDICO LITÚRGICO SEMANAL
II DOMINGO DE CUARESMA
01.03.2026
RITOS INICIALES
ESTACIÓN CUARESMAL
Si las circunstancias lo permiten, a una hora oportuna, los fieles se reúnen en una iglesia menor u otro lugar apto, a donde llega el celebrante revestido con capa pluvial.
La procesión sale de la sacristía de la iglesia menor, rumbo al presbiterio, donde se entona un canto apropiado.
Terminado el canto de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, en este Segundo Domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a subir al monte con Jesús y contemplarlo transfigurado, manifestando su gloria ante sus discípulos. Este tiempo nos anima a escuchar al Hijo amado, a fortalecer nuestra esperanza y a dejarnos transformar por la gracia de Dios. Dispongámonos a caminar con Cristo.
ORACIÓN
A continuación, el celebrante invita a la oración, diciendo:
Pres.: Oremos.
Dios clemente y misericordioso, que ofreces a los hombres días especiales de salvación para que te reconozcan como creador y padre de todos, ayúdanos con bondad en este tiempo propicio para que, recibiendo gustosamente el anuncio de la paz, podamos cumplir tu voluntad de renovar todas las cosas en Cristo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Tras eso, se ordena una procesión hacia la iglesia en donde se va a celebrar la Misa. Durante ésta se cantan la letanía de los santos o cantos penitenciales y de recogimiento.
Cuando la procesión llega a la iglesia en donde va a celebrarse la Misa, el celebrante besa el altar y, si se emplea incienso, inciensa el altar. Antes de venerar el altar, si el sacerdote revestía pluvial en la procesión, la deja y viste la casulla.
Luego, omitidos los ritos iniciales el celebrante reza la oración colecta del formulario de la Misa del día. Luego, la celebración continua como de costumbre.
Si no se realiza la Estación, la Misa es como de costumbre.
CANTO DE ENTRADA
(Caminaré - Popular)
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR,
CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR.
AMO AL SEÑOR PORQUE ESCUCHA MI VOZ SUPLICANTE,
PORQUE INCLINA SU OÍDO HACIA MÍ,
EL DÍA QUE LO INVOCO.
ME ENVOLVÍAN REDES DE MUERTE,
CAÍ EN TRISTEZA Y EN ANGUSTIA,
INVOQUÉ EL NOMBRE DEL SEÑOR:
¡SEÑOR, SALVA MI VIDA!
EL SEÑOR ES BENIGNO Y JUSTO,
NUESTRO DIOS ES COMPASIVO,
EL SEÑOR GUARDA A LOS SENCILLOS,
ESTANDO YO SIN FUERZAS ME SALVÓ.
ANTÍFONA DE ENTRADA
(Sal 26, 8.9)
Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Mi corazón sabe que dijiste: Busquen mi rostro. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, en este Segundo Domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a subir al monte con Jesús y contemplarlo transfigurado, manifestando su gloria ante sus discípulos. Este tiempo nos anima a escuchar al Hijo amado, a fortalecer nuestra esperanza y a dejarnos transformar por la gracia de Dios. Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía permitiendo que la Palabra ilumine nuestro camino hacia la Pascua.
ACTO PENITENCIAL
(De Cuaresma II)
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Pres.: Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón.
Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro dice:
Pres.: Tú que conoces nuestros pensamientos: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
Continúa diciendo:
Pres.: Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón: Cristo, ten piedad.
℟.: Cristo, ten piedad.
Y concluye con:
Pres.: Tú que nos exhortas a una sincera conversión: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
Sigue la absolución del sacerdote:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
No se dice "Gloria"
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Padre santo, que nos mandaste escuchar a tu Hijo amado, alimenta nuestro espíritu con tu Palabra, para que, después de haber purificado nuestra mirada interior, podamos contemplar gozosos la gloria de su rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Gn. 12, 1-4a)
Vocación de Abraham, padre del pueblo de Dios
Lector: Del libro del Génesis:
El Señor dijo a Abrám:
«Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.»
Abrám partió, como el Señor se lo había ordenado.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 32)
℟. Señor, que descienda tu amor sobre nosotros.
La palabra del Señor es recta
y Él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor. ℟.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. ℟.
Nuestra alma espera en el Señor:
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(2Tm 1, 8b-10)
Dios nos llama y nos ilumina
Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo:
Querido hijo:
Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. Él nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.
Porque Él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
℣.: En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre: «Éste es mi Hijo, el amado; escuchadlo».
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
EVANGELIO
(Mt. 6, 1-6. 16-18)
Su rostro resplandecía como el sol
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
℟.: Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.
Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.»
Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»
Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
HOMILÍA
CREDO
(Simbolo de los Apostoles)
Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN UNIVERSAL
Después se hace la oración universal.Pres.: Intercedamos ante la divina clemencia, implorando su misericordia en favor de todos los hombres y suplicando el perdón para cuantos hemos pecado. A cada petición responderemos:
℟.: Te rogamos, Señor.
1. Para que, en este tiempo de Cuaresma, Dios conceda a todos los fieles la fuerza necesaria para luchar contra el mal, convertirse de su mala conducta y retornar al camino del bien, roguemos al Señor.
2. Para que quienes abundan en bienes de la tierra sepan moderar el uso de sus propias riquezas en provecho de los necesitados y no vivan absortos en los bienes de este mundo, roguemos al Señor.
3. Para que quienes se han alejado de la Iglesia a causa de nuestros escándalos o de nuestra tibieza se reincorporen a la familia de Dios, y a nosotros el Señor perdone nuestras faltas, roguemos al Señor.
4. Para que nuestros corazones lleguen a ser – por medio de la penitencia cuaresmal– aquella tierra fecunda en la que la Palabra de Dios produce fruto del ciento por uno, roguemos al Señor.
Pres. Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza humana, herida por el pecado de Adán, escucha las oraciones de tu pueblo y concédele iniciar el camino cuaresmal con la fuerza de tu Palabra, para que venza las tentaciones del Maligno y llegue, con gozo, a las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Bendito Seas Señor . F. Palazón)
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
BENDITO SEAS, SEÑOR,
POR ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE GENEROSO NOS DISTE
PARA CAMINAR CONTIGO,
Y SERÁN PARA NOSOTROS
ALIMENTO EN EL CAMINO.
TE OFRECEMOS EL TRABAJO,
LAS PENAS Y LA ALEGRÍA,
EL PAN QUE NOS ALIMENTA
Y EL AFÁN DE CADA DÍA.
TE OFRECEMOS NUESTRO BARRO
QUE OSCURECE NUESTRAS VIDAS
Y EL VINO QUE NO EMPLEAMOS
PARA CURAR LAS HERIDAS.
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Te pedimos, Padre, que este sacrificio borre nuestros pecados y santifique el cuerpo y el alma de tus fieles para poder celebrar dignamente las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
PREFACIO
(La transfiguración del Señor)
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro.
Él mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos les reveló el esplendor de su gloria en la montaña santa, para que constara, con el testimonio de la Ley y los Profetas, que, por la pasión, debía llegar a la gloria de la resurrección.
Por eso, con los coros celestiales, te alabamos en la tierra llenos de alegría, cantando sin cesar:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
«DE LA RECONCILIACIÓN» II
El sacerdote dice:
Pres.: A ti, Padre omnipotente, te bendecimos por Jesucristo, tu Hijo, que ha venido en tu nombre. Él es la Palabra de salvación para los hombres, la mano que tiendes a los pecadores, el camino que nos conduce a tu paz. Cuando nos habíamos apartado de ti por nuestros pecados, Señor, nos reconciliaste contigo, para que, convertidos a ti, nos amáramos unos a otros por tu Hijo, a quien entregaste a la muerte por nosotros.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Y ahora, celebrando la reconciliación que Cristo nos trajo, te suplicamos que por las efusión de tu Espíritu santifiques estos dones
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
Pres.: para que se conviertan en el Cuerpo y ✠ la Sangre de tu Hijo, que nos mandó a celebrar estos misterios.
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque él mismo, cuando iba a entregar su vida por nuestra liberación, sentado a la mesa,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan en sus manos, y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Del mismo modo, aquella noche,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó en sus manos el cáliz de la bendición, y, proclamando tu misericordia, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTA ES MI SANGRE QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MIA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, al celebrar el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, que nos dejó esta prenda de su amor, te ofrecemos lo que tú nos entregaste, el sacrificio de la reconciliación perfecta.
Te pedimos humildemente, Padre santo, que nos aceptes también a nosotros, junto con tu Hijo, en este banquete salvífico, concédenos el mismo Espíritu, que haga desaparecer toda enemistad entre nosotros.
C1: Que este Espíritu haga de tu Iglesia signo de unidad e instrumento de tu paz entre los hombres, y nos guarde en comunión con el Papa Benedicto, con nuestro Obispo N., con los demás Obispos y con todo tu pueblo.
C1: Recibe en tu reino a nuestros hermanos que se durmieron en el Señor y a todos los difuntos cuya fe sólo tú conociste. Así como nos has congregado ahora, en torno a la mesa de tu Hijo, reúnenos con la gloriosa Virgen María, Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos. Reúne también a los hombres de toda raza y lengua, en el banquete de la unidad eterna, en los cielos y en la tierra nueva, donde brille la plenitud de tu paz.
Junta las manos.
por Jesucristo, Señor nuestro.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Dense fraternalmente la paz.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
℟.: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
(Oh Buen Jesús - J. Morales)
OH, BUEN JESÚS, YO CREO FIRMEMENTE
QUE POR MI BIEN ESTÁS EN EL ALTAR
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE, JUNTAMENTE
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR
INDIGNO SOY, CONFIESO AVERGONZADO
DE RECIBIR LA SANTA COMUNIÓN
JESÚS QUE VES MI NADA Y MI PECADO
PREPARA TÚ MI POBRE CORAZÓN
PREPARA TÚ MI POBRE CORAZÓN
PEQUÉ, SEÑOR, INGRATO TE HE OFENDIDO
INFIEL TE FUI, CONFIESO MI MALDAD
CONTRITO YA, PERDÓN, SEÑOR, TE PIDO
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD
ESPERO EN TI, PIADOSO, JESÚS MÍO
OIGO TU VOZ QUE DICE "VEN A MÍ"
PORQUE ERES FIEL, POR ESO EN TI CONFÍO
TODO, SEÑOR, ESPÉROLO DE TI
TODO, SEÑOR, ESPÉROLO DE TI
℣.: El Cuerpo de Cristo.
℟.: Amén.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Mt 17, 5)
Si no hay canto de comunión, se recita la antífona:
℣.: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.
℣.: Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.
Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
℟.: Amén.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
Después de haber recibido estos gloriosos misterios, Padre, te damos gracias, porque, aun viviendo en la tierra, ya nos haces partícipes de los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
(Oración sobre el pueblo)
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
Pres.: Señor, bendice a tus fieles y protégelos constantemente; haz que se identifiquen de tal modo con el Evangelio de tu Hijo, que anhelen siempre aquella gloria con la que se mostró a los Apóstoles y puedan alcanzarla felizmente. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
ANTIFONA MARIANA
(Ave, Regina Caelorum)
En latín:
Ave, Regina Caelorum, Ave, Domina Angelorum: Salve, radix, salve, porta Ex qua mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes specioa, Vale, o valde decora, Et pro nobis Christum exora.En español:
Salve, Reina de los cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros
Después el sacerdote se retira a la sacristía.