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Periódico Litúrgico | XXVII Domingo Del Tiempo Ordinario

 
PERIÓDICO LITÚRGICO

XXVII DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO

04.10.2026

 RITOS INICIALES
 
CANTO DE ENTRADA
(El Señor nos llama)
 
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

EL SEÑOR NOS LLAMA Y NOS REÚNE,
SOMOS SU PUEBLO, SIGNO DE UNIDAD.
ÉL ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS,
SIRVE A LA MESA, NOS REPARTE EL PAN.

POR TODOS LOS CAMINOS NOS SALES AL ENCUENTRO,
POR TODOS HEMOS VISTO SEÑALES DE TU AMOR.
TU PUEBLO SE REÚNE SEÑOR A BENDECIRTE,
A CELEBRAR CON GOZO TU PASO SALVADOR. ℟.

CONVOCAS A TUS FIELES, NACIDOS DE LAS AGUAS,
A FESTEJAR UNIDOS LA NUEVA CREACIÓN.
LA SALA DEL BANQUETE SE LLENA DE INVITADOS;
ESTAMOS REUNIDOS Y EN MEDIO ESTÁ EL SEÑOR. ℟.

REVÉLANOS AL PADRE OH CRISTO, NUESTRA FIESTA,
AUMENTA LA ESPERANZA DE NUESTRO CAMINAR.
TU ESPÍRITU DIVINO NOS DÉ LA FORTALEZA,
LOS BIENES QUE ESPERAMOS NOS HAGA PREGUSTAR. ℟.

ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cfr. Est 4, 17)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
En tu voluntad, Señor, está puesto el universo, y no hay quien pueda resistirse a ella. Tú hiciste todo, el cielo y la tierra, y todo lo que está bajo el firmamento; tú eres Señor del universo.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma con su alegría y con su paz, esté siempre con todos ustedes. 
. 
℟.: Y con tu espíritu.
 
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.

ACTO PENITENCIAL
(Formula III - VI)
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Pres.: Jesucristo, el justo, intercede por nosotros y nos reconcilia con el Padre. Abramos, pues, nuestro espíritu al arrepentimiento, ·para acercarnos a la mesa del Señor. 

Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad, dice:
Pres.: Defensor de los pobres: Señor, ten piedad. 
℟.:  Señor, ten piedad. 

Pres.: Refugio de los débiles: Cristo, ten piedad.
R.:  Cristo, ten piedad.

Pres.: Esperanza de los pecadores: Señor, ten piedad. 
℟.:  Señor, ten piedad. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.

GLORIA
(Del Misal Romano)
 
℟.: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno, que en la superabundancia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Is 5, 1-7)

La viña del Señor es la casa de Israel.
 
Lector: Del libro del profeta Isaías.
Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. Él esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias. Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego, sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias? Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña; le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un erial, nadie la podará ni le quitará los cardos, crecerán en ella los abrojos y las espinas, mandaré a las nubes que no lluevan sobre ella. Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones..

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 79)
 
℟. La viña del Señor es la casa de Israel.

Señor, tú trajiste de Egipto una vid,
 arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste;
 ella extendió sus sarmientos hasta el mar 
y sus brotes llegaban hasta el río. ℟.

Señor, ¿por qué has derribado su cerca,
de modo que puedan saquear tu viña los que pasan,
 pisotearla los animales salvajes,
 y las bestias del campo destrozarla? ℟.

Señor, Dios de los ejércitos,
 vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala;
 protege la cepa plantada por tu mano,
 el renuevo que tú mismo cultivaste.  ℟.

Ya no nos alejaremos de ti; 
consérvanos la vida y alabaremos tu poder.
Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos, 
míranos con bondad y estaremos a salvo.  ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Flp.  4, 6-9)

Obren bien y el Dios de la Paz estará con ustedes.
 
Lector: De la carta del apóstol san Pablo a los filipenses.
Hermanos: 
No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y el Dios de la paz estará con ustedes.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.:
Yo los he elegido del mundo, dice el Señor, para que vayan y den fruto, y su fruto permanezca.
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
EVANGELIO
(Mt. 21, 33-43)

Arrendará el viñedo a otros viñadores.
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.:
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo lo respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?” Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.
 
CREDO
(Símbolo de los Apóstoles)
 
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
 
℟.: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN DE LOS FIELES 

Acabada la homilía, se hace la profesión de fe 
Elevemos nuestra plegaria al Señor con aquella confianza filial que el Espíritu Santo suscita en nuestros corazones:
℟.:
Padre de paz y amor escucha nuestra oración.

1.- Para que la Iglesia –mediante la santidad de sus fieles y el celo de sus ministros– anuncie a todos los hombres la salvación de Dios. Roguemos al Señor.

2.- Para que el Señor ayude a los gobernantes, a fin de que se logre en todas las naciones la paz, el progreso y la libertad religiosa. Roguemos al Señor.

3.- Para que las naciones que sufren a causa de las guerras vean alejarse de sus pueblos la violencia, la destrucción y las lágrimas. Roguemos al Señor.

4.- Para que el Señor ilumine los ojos de nuestro corazón, a fin de que sepamos descubrir la esperanza a la que nos ha llamado. Roguemos al Señor.

Pres.: Protege, Señor, con amor constante a tu Iglesia y no abandones la viña que tú mismo has plantado. Enriquécela con sarmientos vigorosos y haz que – injertados en Cristo, la verdadera cepa– todos demos frutos abundantes de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Ofrenda de amor)
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

POR LOS NIÑOS QUE EMPIEZAN LA VIDA,
POR LOS HOMBRES SIN TECHO NI HOGAR,
POR LOS PUEBLOS QUE SUFREN LA GUERRA,
TE OFRECEMOS EL VINO Y EL PAN.

PAN Y VINO SOBRE EL ALTAR
SON OFRENDA DE AMOR,
PAN Y VINO SERÁN DESPUÉS,
TU CUERPO Y SANGRE, SEÑOR.

POR LOS HOMBRES QUE VIVEN UNIDOS,
POR LOS HOMBRES QUE BUSCAN LA PAZ,
POR LOS PUEBLOS QUE NO TE CONOCEN
TE OFRECEMOS EL VINO Y EL PAN. ℟.

POR AQUELLOS A QUIENES QUEREMOS,
POR NOSOTROS Y NUESTRA AMISTAD,
POR LOS VIVOS Y POR LOS DIFUNTOS,
TE OFRECEMOS EL VINO Y EL PAN. ℟.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.:
Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso. 
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.:
Acepta, Señor, el sacrificio que tú mismo nos mandaste ofrecer, y, por estos sagrados misterios, que celebramos en cumplimiento de nuestro servicio, dígnate llevar a cabo en nosotros la santificación que proviene de tu redención.
℟.: Amén.
 
PREFACIO DOMINICAL X
( El día del Señor )
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.:
En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. 

Hoy, tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. 

Entonces contemplaremos tu rostro y alabaremos por siempre tu misericordia.

Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria:
 
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:  Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA II
 
El sacerdote dice:
Pres.: SANTO eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad;
 
Pres.: Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y ✠ la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Él cual, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERA ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE  LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES. HAGAN ESTO EN CONMEMORIA MIA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
 
1C: Acuérdate, Señor de tu Iglesia, extendida por toda la tierra, y reunida aquí en el domingo, día en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal; y con el Papa Benedicto, con nuestro Obispo N., y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
 
2C: Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. 

Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.:
Amén.
 
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Junto con el pueblo, continúa:
    Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
    Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
    Amén.

El sacerdote añade:
La paz del Señor esté siempre con ustedes
    Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.

Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.:  Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.:Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.
    COMUNIÓN
(En la fracción del pan)

 Si se comulga bajo las dos especies, se observa el rito descrito en el misal de altar. Cuando el sacerdote comulga el Cuerpo de Cristo, comienza el canto de comunión.

EN LA FRACCIÓN DEL PAN
NOS DAS, SEÑOR, TU SALVACIÓN.
NOS DAS TU VIDA –CUERPO Y SANGRE-
FRUTO DE TU AMOR.

JESÚS, TOMANDO EL PAN,
NOS DIO SU CUERPO EN MANJAR;
SU CUERPO, ENTREGADO
POR NOSOTROS EN LA CRUZ.

TOMANDO EL CÁLIZ, NOS LO DIO:
“BEBED TODOS DE ÉL;
MI SANGRE DERRAMADA
PARA VUESTRA REDENCIÓN”.

LOS DESVALIDOS COMERÁN
Y EL HAMBRE SACIARÁN;
ALABEN AL SEÑOR
LOS QUE LE BUSCAN EN LA FE.

YO SOY EL PAN DE VIDA;
EL QUE CREA VIVIRÁ,
Y YO LE RESUCITARÉ
PARA LA ETERNIDAD.

YO VENGO A DAR LA SALVACIÓN,
NO VENGO A CONDENAR;
EL PADRE ME HA ENVIADO
PARA QUE ENCONTRÉIS LA PAZ.

PARTIMOS ESTE MISMO PAN,
UNIDOS EN LA FE,
FORMANDO EL CUERPO DEL SEÑOR,
LA IGLESIA DE JESÚS.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cfr. I Cor 10, 17)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.:
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos participamos de un mismo pan y de un mismo cáliz.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
 
ORACIÓN DE  COMUNIÓN ESPIRITUAL

Terminada la Comunión, el sacerdote junto con el pueblo rezan la oración de comunión espiritual:
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. ¡Oh, Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti! Amén.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Dios omnipotente, saciados con este alimento y bebida celestiales, concédenos ser transformados en aquel a quien hemos recibido en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL
(IV del Tiempo Ordinario)

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, extendidas las manos sobre el pueblo, recita la oración:
Pres.: Que el Dios de todo consuelo disponga los días de ustedes en su paz y los llene de sus bendiciones.
℟.: Amén

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.

ANTIFONA MARIANA
(Salve Regina)

SALVE, REGINA, MATER MISERICORDIÆ;
VITA, DULCEDO, ET SPES NOSTRA, SALVE.

AD TE CLAMAMUS, EXSULES FILII HEVÆ.
AD TE SUSPIRAMUS, GEMENTES ET FLENTES
IN HAC LACRIMARUM VALLE.

EIA ERGO, ADVOCATA NOSTRA,
ILLOS TUOS MISERICORDES OCULOS
AD NOS CONVERTE.

ET JESUM, BENEDICTUM FRUCTUM VENTRIS TUI,
NOBIS POST HOC EXSILIUM OSTENDE.

O CLEMENS, O PIA,
O DULCIS VIRGO MARIA.