SERVUS SERVORUM DEI
Al dilecto hermano Luis Mario Mejia,
hasta entonces Nuncio Apostólico en Hispanoamerica,
nombrado Obispo Diocesano de Buenos Aires.
Salud y Bendición Apostólica.
La Iglesia, edificada sobre el fundamento de los Apóstoles y congregada por la acción del Espíritu Santo, recibe de Cristo la misión de anunciar el Evangelio y de conducir a todos los hombres al conocimiento de la verdad y a la comunión de la vida divina. Por ello, corresponde al Sucesor de Pedro proveer con diligencia al gobierno de las Iglesias particulares, procurando que cada una de ellas cuente con un Pastor que, unido a la Iglesia universal, pueda conducir al Pueblo de Dios por los caminos de la fe, la esperanza y la caridad.
Habiendo considerado atentamente las necesidades pastorales de la Diócesis de Buenos Aires, Iglesia particular recientemente constituida y llamada a desempeñar una importante misión evangelizadora en medio del Pueblo de Dios, hemos juzgado conveniente confiar su gobierno pastoral a un Pastor que pueda dedicar sus fuerzas al crecimiento de la comunión eclesial, a la formación del clero y a la consolidación de las comunidades que la integran.
Por ello, atendiendo también a tus cualidades pastorales, a tu experiencia en el ministerio episcopal y al celo con que has servido hasta ahora a la Iglesia, y habiendo escuchado el parecer del Dicasterio para los Obispos, te nombramos y constituimos Obispo Diocesano de Buenos Aires, con todos los derechos, deberes, facultades y obligaciones que, según el derecho y las Letras Apostólicas, corresponden al Pastor de una Iglesia particular.
Te confiamos esta Iglesia con la esperanza de que, sostenido por la gracia de Dios, puedas conducirla hacia una creciente madurez eclesial, fortaleciendo la comunión entre sus sacerdotes, diáconos, consagrados y fieles laicos, y procurando que todos participen activamente en la misión evangelizadora que Cristo ha confiado a su Iglesia.
Sé para el clero un padre y hermano; para los fieles, Pastor cercano; para los pobres y necesitados, signo de la misericordia de Cristo; y para quienes se encuentren alejados de la Iglesia, un testigo de la paciencia y de la caridad del Buen Pastor.
Te exhortamos particularmente a trabajar por la unidad de la Iglesia particular que ahora te encomendamos, procurando que la diversidad de carismas, ministerios y comunidades encuentre su fundamento en una misma fe y en una misma caridad, para que Buenos Aires sea verdaderamente una Iglesia viva, misionera y abierta al anuncio del Evangelio.
Ponemos tu nuevo ministerio bajo la maternal protección de la Santísima Virgen María, y de modo particular de Nuestra Señora de Bonaria, a cuya protección encomendamos a la Diócesis de Buenos Aires, para que acompañe tus pasos y conduzca a todo el Pueblo de Dios hacia su Hijo Jesucristo.
Con nuestra Bendición Apostólica, que impartimos de corazón a ti, querido hermano, y a todo el clero y fieles de la Diócesis de Buenos Aires.
Datum Romae, apud Sanctum Petrum, die septima mensis Octobris, Anno Domini bis millesimo vicesimo sexto, Secundo Pontificatus Nostri.

