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Boletín Mensual de las Intenciones del Papa | Setembro

 


RED MUNDIAL DE ORACÍON DEL PAPA

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INTENCÍON DEL SANTO PADRE

MES DE SEPTIEMBRE


"Por la Educación Integral"


Dios, nuestro Padre, te ofrezco todo el día de hoy: mis oraciones y obras, mis pensamientos y palabras, mis alegrías y sufrimientos, en reparación de nuestras ofensas, en unión con el Corazón de tu Hijo, Jesús, que continúa ofreciéndose a Ti, en la Eucaristía, por la salvación del mundo. Que el Espíritu Santo, que guió a Jesús, sea mi guía y mi apoyo en este día para que pueda ser testigo de tu amor. Con María, Madre de Jesús y de la Iglesia, rezo especialmente por las intenciones del Santo Padre para este mes.


Intención:
Para que los educadores, las escuelas y las universidades promuevan una formación que una conocimiento, ética, espiritualidad y compromiso con el bien común.

Oracíon
(Papa Juan Pablo II, 12 de Septiembre de 1987)

Señor Jesucristo, Maestro y Señor, conceded a los educadores una profunda comunión con Vos, para que puedan responder adecuadamente a la misión de enseñar que les confiáis. Dadles un amor cada vez mayor por sus alumnos y un compromiso cada vez más fuerte con su vocación de educadores católicos. Haced que, permaneciendo fieles a este ministerio, puedan contribuir a formar un mundo de paz, justicia y esperanza para el futuro. Vos que sois el Maestro, el Guía y la fuerza de quienes educan, acompañadlos siempre y haced fructificar su servicio en favor de las nuevas generaciones.
Amén.

Reflexíon:
Pe. Tayrone Gervásio

La Palabra de Dios nos presenta a Jesús creciendo de manera integral: en sabiduría, en su dimensión humana y en gracia ante Dios. Este pequeño versículo del Evangelio nos ofrece una hermosa comprensión cristiana de la educación: educar es cuidar de la persona entera.
La educación no puede limitarse a la transmisión de contenidos. El ser humano fue creado por Dios a su imagen y semejanza (cf. Gn 1,27) y posee una dignidad que abarca su inteligencia, su libertad, su conciencia, su dimensión espiritual y su capacidad de amar.
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que la educación tiene como finalidad ayudar a la persona a alcanzar una formación integral, promoviendo el desarrollo de sus capacidades físicas, morales e intelectuales. La educación debe también conducir a la formación de una conciencia recta y al ejercicio responsable de la libertad (cf. CIC, 2221-2223; 1783-1785).
Educar es una misión de Todos.
En el libro del Deuteronomio encontramos una orientación fundamental:
«Estas palabras que hoy te ordeno estarán en tu corazón. Se las inculcarás a tus hijos.» (Dt 6,6-7)
La educación comienza en el corazón y pasa por el testimonio. Antes de enseñar a un niño o a un joven a hablar sobre valores, es necesario vivir esos valores delante de ellos.
Por eso, la familia posee una misión insustituible, siendo ella la Educadora Primordial de la Vida Cristiana. El Catecismo afirma que los padres son los primeros responsables de la educación de los hijos (cf. CIC, 2223). La escuela, la comunidad y la Iglesia colaboran en esta misión, pero no sustituyen la responsabilidad de la familia.
Y aquí hay una cuestión importante: ¿qué tipo de persona queremos formar?
No basta con formar a alguien que sepa mucho. Es necesario formar a alguien que sepa para qué sirve aquello que sabe, y además, que lo ponga en práctica.
El conocimiento sin ética puede convertirse en instrumento de egoísmo. La inteligencia sin responsabilidad puede ponerse al servicio de la injusticia. Por eso, la educación integral une conocimiento, conciencia, espiritualidad y compromiso con el prójimo.
Educar para el bien común
San Pablo escribe:
«Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.» (Ef 4,13)
El horizonte de la educación cristiana es Cristo. No educamos simplemente para formar profesionales eficientes, sino para formar personas maduras, libres, responsables y capaces de amar.
El Catecismo recuerda que la educación para la vida moral es necesaria para que la persona desarrolle virtudes, forme una conciencia recta y aprenda a actuar libremente para el bien (cf. CIC, 1780-1785; 1803-1804).
Por eso, una educación verdaderamente integral enseña también a respetar al otro, cuidar de los más frágiles, combatir la injusticia, dialogar, perdonar, servir y buscar el bien común.
Educación y fe
La Iglesia no considera la educación de la fe como algo separado de la formación humana. Al contrario: la fe ilumina la inteligencia y orienta la libertad hacia el verdadero bien.
El Catecismo enseña que la educación cristiana busca no solo desarrollar a la persona humana, sino también conducirla progresivamente al conocimiento del misterio de la salvación y a la vida en Cristo (cf. CIC, 2226).
Así, educar integralmente es ayudar a una persona a descubrir:
«¿Quién soy yo?» «¿Para qué fui creado?» «¿Cómo debo vivir?» «¿Cómo puedo poner mis dones al servicio de los demás?»
Y, finalmente:
«¿Cómo puedo conocer, amar y seguir a Cristo?»
Para nuestra comunidad
El tema «Por la Educación Integral» es, por tanto, una invitación a todos: padres, educadores, catequistas, profesores, sacerdotes, comunidades, escuelas y universidades.
Que nuestras instituciones no formen solamente personas que sepan responder a las preguntas de los exámenes, sino personas que también sepan responder a las grandes preguntas de la existencia.
Que formemos mentes que busquen la verdad, corazones que sepan amar, conciencias que reconozcan el bien y manos dispuestas a servir. 
Porque educar integralmente es, en el fondo, participar en la propia obra de Dios: ayudar a una persona a desarrollar los dones que ha recibido y a convertirse en aquello que Dios la llama a ser.
«Enseña al niño el camino que debe seguir; aun cuando envejezca, no se apartará de él.» (Pr 22,6)
Que la educación sea siempre una escuela de verdad, libertad, fe, fraternidad y servicio. Y que, como Jesús, cada persona pueda crecer «en sabiduría, en estatura y en gracia». 
Así sea.

 Roma, 4 de Septiembre de 2026.