PERIÓDICO LITÚRGICO
XIX DOMINGO DEL
TIEMPO ORDINARIO
09.08.2026
RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA
(Vamos a la Casa del Señor - John Bagniewski)
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
QUE ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON
VAMOS A LA CASA DEL SEÑOR
PERMANECIENDO JERUSALÉN
EN LAS PUERTAS DE LA CASA DE DIOS.
MIRA OH JERUSALÉN LA CIUDAD RESTAURADA
AQUÍ LAS TRIBUS DE YAHVÉ SON UNA EN EL SEÑOR.
COMO EL ORDENO, ISRAEL VIENE A ALABAR SU NOMBRE
AQUÍ DONDE LA JUSTICIA, LA JUSTICIA DE DAVID REINA.
ANTÍFONA DE ENTRADA
(Sal 73, 20. 19. 22. 23)
Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Acuérdate, Señor, de tu alianza, no olvides por más
tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender
tu causa, no olvides las voces de los que te buscan.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos ustedes.
.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
℣.: Hermanos y hermanas, en este Domingo del Tiempo Ordinario, el Señor nos invita también a caminar con el por las aguas sobrepasando todos los temores y incertidumbres. Dispongámonos a celebrar esta Santa Eucaristía, pidiendo al Señor que fortalezca nuestra fe y nos conceda la gracia de confiar siempre en su presencia, especialmente en las tempestades de nuestra vida.
ACTO PENITENCIAL
(Formula III)
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Pres.: Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos. .
Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad, dice:
Pres.: Tú que has venido a buscar al que estaba perdido: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
Pres.: Tú que has querido dar la vida en rescate por todos: Cristo, ten piedad.
R.: Cristo, ten piedad.
Pres.: Tú que reúnes a tus hijos dispersos: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
GLORIA
(Del Misal Romano)
℟.: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios todopoderoso y eterno, a quien, enseñados por
el Espíritu Santo, invocamos con el nombre de Padre,
intensifica en nuestros corazones el espíritu de hijos
adoptivos tuyos, para que merezcamos entrar en posesión
de la herencia que nos tienes prometida Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(1 Re. 19, 9a. 11-13a)
Quédate en el monte, porque el Señor va a pasar.
Lector: Del primer libro de los Reyes.
Al llegar al monte de Dios, el Horeb, el profeta Elías
entró en una cueva y permaneció allí. El Señor le dijo:
«Sal de la cueva y quédate en el monte para ver al Señor,
porque el Señor va a pasar».
Así lo hizo Elías, y al acercarse el Señor, vino primero un
viento huracanado, que partía las montañas y resquebrajaba las rocas; pero el Señor no estaba en el viento. Se produjo
después un terremoto; pero el Señor no estaba en el
terremoto. Luego vino un fuego; pero el Señor no estaba
en el fuego. Después del fuego se escuchó el murmullo de
una brisa suave. Al oírlo, Elías se cubrió el rostro con el
manto y salió a la entrada de la cueva.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 84)
℟. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Escucharé las palabras del Señor,
palabras de paz para
su pueblo santo.
Está ya cerca nuestra salvación
y la gloria
del Señor habitará en la tierra. ℟.
La misericordia y la verdad se encontraron,
la justicia y
la paz se besaron,
la fidelidad brotó en la tierra
y la justicia
vino del cielo. ℟.
Cuando el Señor nos muestre su bondad,
nuestra tierra
producirá su fruto.
La justicia le abrirá camino
al Señor e
irá siguiendo sus pisadas. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(Rom. 9, 1-5)
Hasta quisiera verme separado de Cristo, si esto fuera
para bien de mis hermanos.
Hermanos:
Les hablo con toda verdad en Cristo; no
miento. Mi conciencia me atestigua, con la luz del Espíritu
Santo, que tengo una infinita tristeza y un dolor incesante
tortura mi corazón.
Hasta aceptaría verme separado de Cristo, si esto fuera
para bien de mis hermanos, los de mi raza y de mi sangre,
los israelitas, a quienes pertenecen la adopción filial, la
gloria, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Ellos son
descendientes de los patriarcas; y de su raza, según la carne,
nació Cristo, el cual está por encima de todo y es Dios
bendito por los siglos de los siglos. Amén
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
℟.: Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
℣.: CONFÍO EN EL SEÑOR, MI ALMA ESPERA Y CONFÍA EN SU PALABRA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
EVANGELIO
(Mt. 14, 22-33)
Mándame ir a ti caminando sobre el agua.
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
℟.: Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.: En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y
las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la
madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua.
Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron
y decían: «¡Es un fantasma!» Y daban gritos de terror.
Pero Jesús les dijo enseguida: «Tranquilícense y no teman.
Soy yo».
Entonces le dijo Pedro: «Señor, si eres tú, mándame ir
a ti caminando sobre el agua». Jesús le contestó: «Ven».
Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua
hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró
miedo, comenzó a hundirse y gritó: «¡Sálvame, Señor!»
Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le
dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó.
Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús,
diciendo: «Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios».
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILÍA
CREDO
(Símbolo de los Apóstoles)
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
℟.: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
ORACIÓN DE LOS FIELES
Oremos a nuestro Señor Jesucristo, para que –
acordándose de su promesa– escuche la oración de
los que nos hemos reunido en su nombre:
A cada invocación responderemos:
℟.: Escúchanos, Señor.1.- Por la paz de nuestros pueblos, por la unión
de las Iglesias y por la salvación de nuestras almas. Roguemos al Señor.
2.- Por los que trabajan por el bien de los pobres, por
los que ayudan a los ancianos y por los que cuidan
de los desvalidos. Roguemos al Señor.
3.- Por los que están sometidos a una prueba, por
el retorno de los extraviados y por la libertad de los
encarcelados. Roguemos al Señor.
4.- Por los que están orando con nosotros, por los
que han pedido nuestras oraciones y por el reposo
eterno de nuestros difuntos. Roguemos al Señor.
Pres.: Señor Dios nuestro, que con tu poder dominas la
creación entera, haz que te reconozcamos presente en
todos los acontecimientos de nuestra historia, para
que sepamos así afrontar las pruebas con serenidad
y avancemos hacia la paz de tu Reino. Por Jesucristo,
nuestro Señor.
℟.: Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Te presentamos Padre - Estudiantina Luz Divina)
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
TE PRESENTAMOS PADRE
EL VINO Y EL PAN
SERÁN EL CUERPO Y SANGRE
DE JESÚS EN EL ALTAR
BENDITO SEAS SEÑOR
POR ESTE VINO Y ESTE PAN
SU AMOR LOS CONVERTIRÁ
EN ALIMENTO DE SALVACIÓN.
ES UN MILAGRO DE AMOR
QUE NOS DEJÓ NUESTRO SEÑOR
DÉMOSLE GRACIAS A DIOS
QUE NOS DEJÓ NUESTRO SEÑOR
DÉMOSLE GRACIAS A DIOS
QUE POR NOSOTROS SU VIDA DIO.
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Recibe benignamente, Señor, los dones de tu Iglesia, y, al concederle en tu misericordia que te los pueda ofrecer, haces al mismo tiempo que se conviertan en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Recibe benignamente, Señor, los dones de tu Iglesia, y, al concederle en tu misericordia que te los pueda ofrecer, haces al mismo tiempo que se conviertan en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
PREFACIO DOMINICAL II
(El misterio de la salvación )
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.:En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, compadecido del extravío de los hombres, quiso nacer de la Virgen; sufriendo la cruz, nos libró de eterna muerte, y, resucitando, nos dio vida eterna.
Por eso, con los ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
PLEGARIA EUCARÍSTICA IV
El sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote sólo a ti, su Creador, dominara todo lo creado. Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca. Reiteraste, además, tu alianza a los hombres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de salvación.
Y tanto amaste al mundo, Padre santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. Él se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo. Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.
Y a fin de que no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas,
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos,
Pres.: Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas,
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
para que se conviertan en el Cuerpo y ✠ la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor,
Junta las manos.
y así celebremos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna.
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio diciendo:
tomó pan, te bendijo, lo partió y se lo dio diciendo:
Se inclina un poco:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Del mismo modo,
El sacerdote prosigue:
Pres.: Del mismo modo,
tomó el cáliz lleno del fruto de la vid, te dio gracias y lo pasó a sus discípulos diciendo:
Se inclina un poco:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES. HAGAN ESTO EN CONMEMORIA MIA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.
1C: Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa Benedicto, de nuestro Obispo N., del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos.
2C: Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrificio agradable a ti y salvación para todo el mundo.
Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia, y concede a cuantos compartimos este pan y este cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria.
1C: Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa Benedicto, de nuestro Obispo N., del orden episcopal y de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos.
2C: Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tú conociste.
Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos en tu reino, con María, la Virgen Madre de Dios, con su esposo san José, con los apóstoles y los santos; y allí, junto con toda la creación libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro,
Junta las manos.
por quien concedes al mundo todos los bienes.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
℟.: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.:Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNIÓN
(En la mesa del Señor - Albert Coppo)
EN LA MESA DEL
SEÑOR ESTAMOS REUNIDOS
COMEMOS DE UN
MISMO PAN. PAN DE VIDA COMPARTIMOS.
EN LA MESA DEL
SEÑOR SOMOS BIENVENIDOS.
TODOS SOMOS
RECIBIDOS, EN LA MESA DEL SEÑOR.
TODOS SOMOS
LLAMADOS A VENIR A ESTE LUGAR.
ES DIOS QUIEN NOS
CONVOCA, PARA DARNOS DE SU PAN,
Y CELEBRAR UNIDOS CON JESÚS, EN COMUNIÓN,
Y CELEBRAR UNIDOS CON JESÚS, EN COMUNIÓN,
RECORDANDO SU
MUERTE Y SU RESURRECCIÓN.
HEMOS SIDO
INVITADOS A ESTA FIESTA DE HERMANDAD.
ES CRISTO QUIEN RECIBE, ES CRISTO QUIEN SE DA.
PAN Y VINO SE SIRVE, ES LA CENA DEL SEÑOR.
ES EL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO REDENTOR.
ES CRISTO QUIEN RECIBE, ES CRISTO QUIEN SE DA.
PAN Y VINO SE SIRVE, ES LA CENA DEL SEÑOR.
ES EL CUERPO Y LA SANGRE DE NUESTRO REDENTOR.
RECIBAMOS
UNIDOS CON ETERNA GRATITUD
A JESÚS QUE SE ENTREGA POR NUESTRA PLENITUD.
CELEBREMOS LA GLORIA DE SU GRAN MAJESTAD
PUES EL REY DE LOS CIELOS, ESTÁ EN ESTE LUGAR.
A JESÚS QUE SE ENTREGA POR NUESTRA PLENITUD.
CELEBREMOS LA GLORIA DE SU GRAN MAJESTAD
PUES EL REY DE LOS CIELOS, ESTÁ EN ESTE LUGAR.
SOMOS
UNA FAMILIA, UNA IGLESIA EN JESÚS.
SOMOS SAL DE LA TIERRA, SOMOS DEL MUNDO LA LUZ.
SOMOS CUERPO DE CRISTO, SOMOS NUEVA CREACIÓN.
SOMOS PUEBLO ELEGIDO, SOMOS HIJOS DE DIOS.
SOMOS SAL DE LA TIERRA, SOMOS DEL MUNDO LA LUZ.
SOMOS CUERPO DE CRISTO, SOMOS NUEVA CREACIÓN.
SOMOS PUEBLO ELEGIDO, SOMOS HIJOS DE DIOS.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Jn 6, 51)
Si no hay canto de comunión, se recita la antífona:
℣.: El pan que yo les daré, es mi carne para la vida del mundo, dice el Señor.
℣.: El pan que yo les daré, es mi carne para la vida del mundo, dice el Señor.
Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
ORACIÓN DE COMUNIÓN ESPIRITUAL
Terminada la Comunión, el sacerdote junto con el pueblo rezan la oración de comunión espiritual:
Creo, Jesús mío, que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Pero como ahora no puedo hacerlo sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Y como si ya te hubiese recibido, te abrazo y me uno del todo a Ti. ¡Oh, Señor, no permitas que jamás me aparte de Ti! Amén.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
La comunión de tus sacramentos que hemos recibido,
Señor, nos salven y nos confirmen en la luz de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, extendidas las manos sobre el pueblo, recita la oración:
Pres.: Que la paz de Dios, que sobrepasa todo anhelo y esfuerzo humano, custodie su corazón y su inteligencia en el amor y conocimiento de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Después el sacerdote se retira a la sacristía.
ANTIFONA MARIANA
(Salve Regina)
SALVE, REGINA, MATER MISERICORDIÆ;
VITA, DULCEDO, ET SPES NOSTRA, SALVE.
AD TE CLAMAMUS, EXSULES FILII HEVÆ.
AD TE SUSPIRAMUS, GEMENTES ET FLENTES
IN HAC LACRIMARUM VALLE.
EIA ERGO, ADVOCATA NOSTRA,
ILLOS TUOS MISERICORDES OCULOS
AD NOS CONVERTE.
ET JESUM, BENEDICTUM FRUCTUM VENTRIS TUI,
NOBIS POST HOC EXSILIUM OSTENDE.
O CLEMENS, O PIA,
O DULCIS VIRGO MARIA.
