Este site não pertence à Igreja Católica na realidade. Somos uma representação dela em um jogo virtual conhecido como Minecraft.

Libreto | Santa Misa Con Los Colaboradores De La JMJ 2026


LIBRETO
SANTA MISA CON LOS COLABORADORES DE LA JMJ 2026

PRESIDE
S.S. BENEDICTO VIII

PALACIO APOSTÓLICO, CIUDAD DEL VATICANO.
20.07.2026

 RITOS INICIALES
  
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes. 
℟.: Y con tu espíritu.

ACTO PENITENCIAL
(Formula III)
 
El sacerdote invita a el arrepentimiento al pueblo con la siguiente formula:
Pres.: Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos. 

Se hace una breve pausa en silencio.
Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro, empleando éstas u otras invocaciones, con el Señor, ten piedad, dice:
Pres.: Tú que eres la plenitud de la verdad y de la gracia: Señor, ten piedad. 
℟.:  Señor, ten piedad. 

Pres.: Tú que te has hecho pobre para enriquecernos: Cristo, ten piedad.
R.:  Cristo, ten piedad.

Pres.: Tú que has venido para hacer de nosotros tu pueblo santo: Señor, ten piedad. 
℟.:  Señor, ten piedad. 
 
El sacerdote concluye con la siguiente plegaria:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor, que ordenas admirablemente los oficios de los ángeles y de los hombres; concédenos en tu bondad, que nuestra vida esté protegida en la tierra, por aquellos que te sirven siempre en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Mq. 6, 1-4. 6-8)
 
Lector: Del libro del profeta Miqueas.
Escuchen lo que dice el Señor: «Levántate; llama a juicio a los montes, que las colinas escuchen tu voz. Escuchen, montes, el juicio del Señor, pongan atención, cimientos de la tierra: el Señor entabla juicio contra su pueblo, presenta sus quejas contra Israel.

Pueblo mío, ¿qué mal te he causado o en qué cosa te he ofendido? Respóndeme. Con la ayuda de Moisés, Aarón y María, yo te saqué de Egipto y te libré de la esclavitud». ¿Qué cosa digna le ofreceré al Señor, postrado ante el Dios del cielo? ¿Le ofreceré en holocausto becerros de un año? ¿Aceptará el Señor un millar de carneros o diez mil ríos de aceite? ¿En expiación por mis culpas le ofreceré a mi primogénito, al fruto de mis entrañas, por mi pecado?

Hombre, ya te he explicado lo que es bueno, lo que el Señor desea de ti: que practiques la justicia y ames la lealtad y que seas humilde con tu Dios.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 68)
 
℟. Dios salva al que cumple su voluntad.

Congreguen ante mí a los que sellaron sobre el altar mi alianza. Es Dios quien va a juzgar y el cielo mismo lo declara. <℟.

No voy a reclamarte sacrificios, pues siempre están ante mí tus holocaustos. Pero ya no aceptaré becerros de tu casa ni cabritos de tus rebaños. ℟.

¿Por qué citas mis preceptos y hablas a toda hora de mi pacto, tú, que detestas la obediencia y echas en saco roto mis mandatos? ℟.

Tú haces esto, ¿y yo tengo que callarme? ¿Crees acaso que yo soy como tú? Quien las gracias me da, ése me honra y yo salvaré al que cumple mi voluntad.  ℟.
 
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.: HAGAMOSLE CASO AL SEÑOR QUE NOS DICE "NO ENDUREZCAN SU CORAZÓN".
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.: Amén.
 
EVANGELIO
(Mt. 12, 38-42)
 
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.: Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
V.: 
En aquel tiempo, le dijeron a Jesús algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos verte hacer una señal prodigiosa». Él les respondió: «Esta gente malvada e infiel está reclamando una señal, pero la única señal que se le dará, será la del profeta Jonás. Pues de la misma manera que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así también el Hijo del hombre estará tres días y tres noches en el seno de la tierra.

Los habitantes de Nínive se levantarán el día del juicio contra esta gente y la condenarán, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay alguien más grande que Jonás.

La reina del sur se levantará el día del juicio contra esta gente y la condenará, porque ella vino de los últimos rincones de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien más grande que Salomón».

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

HOMILÍA
 
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.
 
ORACIÓN DE LOS FIELES 
Pres.: Hermanos, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre, que llama a todos los hombres a seguir a su Hijo Jesucristo y a construir una Iglesia joven, santa y misionera. Digamos con fe:
℟.:
Escúchanos, Señor.

- Por la Santa Iglesia, para que, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía el Evangelio a todos los pueblos y encuentre en los jóvenes un testimonio vivo de esperanza y santidad. Oremos al Señor.

- Por nuestro Santo Padre Benedicto, por los obispos, presbíteros, diáconos y todos los ministros de la Iglesia, para que, fortalecidos por la gracia de Dios, conduzcan al Pueblo santo con sabiduría, fidelidad y caridad pastoral. Oremos al Señor.

- Por todos los que participaran en la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Guadalajara, para que este encuentro fortalezca su fe, acreciente la comunión entre ellos y los impulse a ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo. Oremos al Señor.

- Por los jóvenes que buscan descubrir la voluntad de Dios, para que, escuchando la voz del Buen Pastor, respondan con generosidad a la vocación a la que han sido llamados en el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio o la vida laical comprometida. Oremos al Señor.

- Por quienes sirven en la evangelización mediante los diversos ministerios, pastorales y movimientos de nuestra comunidad, para que el Señor fortalezca su entrega y haga fecundo su trabajo apostólico. Oremos al Señor.

- Por los jóvenes que viven alejados de la fe, por quienes atraviesan momentos de tristeza, soledad o desánimo, para que encuentren en Cristo el sentido de su vida y en la Iglesia una familia que los reciba con amor. Oremos al Señor.

- Por nuestra comunidad católica, para que esta Jornada Mundial de la Juventud marque un nuevo impulso evangelizador, fortalezca la unidad entre nuestras arquidiócesis, diócesis y parroquias, y haga florecer abundantes y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios. Oremos al Señor.

Pres.: Padre bueno, escucha las oraciones que con fe te presentamos y concédenos perseverar siempre en el seguimiento de tu Hijo, para que, fortalecidos por el Espíritu Santo, seamos constructores de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.:Amén.
 
LITURGIA EUCARÍSTICA
 
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso. 
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Señor, te ofrecemos este sacrificio de alabanza y te suplicamos humildemente que sea llevado a tu presencia por el ministerio de tus ángeles, lo aceptes con bondad y nos obtenga la eterna salvación. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟.: Amén.
 
PREFACIO DOMINICAL VII
(La salvación por la obediencia de Cristo)
 
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.:En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Porque creaste el universo entero, estableciste el continuo retorno de las estaciones, y al hombre, formado a tu imagen y semejanza, sometiste las maravillas del mundo, para que, en nombre tuyo, dominara la creación, y, al contemplar tus grandezas, en todo momento te alabara, por Cristo, Señor nuestro. 

A quien cantan los ángeles y los arcángeles, proclamando sin cesar:
 
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:  Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA II
 
El sacerdote dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Él cual, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERA ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE  LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES. HAGAN ESTO EN CONMEMORIA MIA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el Pan de Vida y el Cáliz de Salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
 
1C: Acuérdate, Señor de tu Iglesia, extendida por toda la tierra; y con nuestro Papa y Obispo Benedicto, y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
 
2C: Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. 

Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
 
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.:  Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.:Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Señor, restaurados con el pan celestial, te rogamos humildemente que, fortalecidos por su eficacia, avancemos animosamente por el camino de la salvación, bajo la fiel custodia de tus ángeles Por Jesucristo nuestro Señor.
℟.: Amén.


RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL

En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote, extendidas las manos sobre el pueblo, recita la oración:
Pres.: Dios nuestro, que tu pueblo reciba el fruto de tu santa bendición para que pueda rechazar cuanto lo daña y encontrar lo que desea. Por Jesucristo, nuestro Señor. 
℟.: Amén

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: La alegría del Señor sea nuestra fuerza. Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

Después el sacerdote se retira a la sacristía.