Al haber erigido la nueva Diócesis de Buenos Aires, y deseando proveer convenientemente al bien espiritual del Pueblo de Dios que peregrina en ella, hemos considerado con diligencia a quién confiar el cuidado pastoral de esta Iglesia particular.
Después de examinar atentamente las necesidades de la nueva diócesis y de escuchar el parecer de quienes deben aconsejarnos en esta materia, hemos puesto nuestra mirada en ti, Venerable Hermano, quien, por tu fidelidad a la Iglesia, tu celo apostólico, tu prudencia pastoral y tu dedicación al ministerio, has dado abundantes pruebas de amor a Cristo y a su Evangelio.
Por tanto, en virtud de la plenitud de Nuestra Autoridad Apostólica, te nombramos y constituimos Primer Obispo de la Diócesis de Buenos Aires, con todos los derechos, deberes y obligaciones inherentes a este oficio según las normas del Derecho Canónico.
Te exhortamos a desempeñar este ministerio con espíritu de servicio y de caridad pastoral, anunciando fielmente la Palabra de Dios, celebrando los santos misterios y guiando al pueblo que te ha sido confiado por los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Asimismo, invitamos a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos de la nueva diócesis a recibir con alegría y espíritu de comunión a su primer Pastor, colaborando con él en la edificación de la Iglesia y en la extensión del Reino de Dios.
Confiamos tu ministerio episcopal a la protección de la Santísima Trinidad y de la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora de los Buenos Aires, para que, bajo su amparo maternal, ejerzas fructuosamente el servicio que la Iglesia te encomienda.
Como prenda de abundantes gracias celestiales, te impartimos de corazón la Bendición Apostólica.
Datum Romae, apud Sanctum Petrum, die duodevicesimo mensis Iunii, anno Domini bis millesimo vicesimo sexto, secundo Pontificatus Nostri.

