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Corações reconciliados, humanidade renovada! #CF2026

Libreto Liturgico l Jueves Santo En La Cena Del Señor


CAPILLA PAPAL
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SOLEMNE CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
DEL

JUEVES  SANTO
EN LA
CENA DEL SEÑOR

PRESIDIDA POR SU SANTIDAD
BENEDICTO  VII

BASÍLICA PAPAL DE SAN JUAN DE LETRÁN
II.IV.MMXXVI

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RITOS INICIALES

1. Por la tarde, en la hora más oportuna, se celebra la misa de la Cena del Señor, en la que participa plenamente toda la comunidad local y en la que todos los sacerdotes y ministros ejercen su propio oficio.

Adórnese con flores el altar con la moderación conveniente al carácter de este día. El sagrario ha de estar completamente vacío; se ha de consagrar en esta misa suficiente pan para que el clero y el pueblo puedan comulgar hoy y mañana.

Una vez reunido el pueblo, el Santo Padre se dirige al altar con los ministros durante el canto de entrada.

Cuando llega al altar, se inclina profundamente con los ministros, besa el altar en señal de veneración e inciensa la cruz y el altar. A continuación, se dirige con los ministros a las sillas.

Después del canto de entrada, el Santo Padre y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz, mientras el Santo Padre, de cara al pueblo, dice:

In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti.

El pueblo responde:

Amén.

2. A continuación, el Santo Padre abre los brazos y saluda a la gente:

Pax vobis.

El pueblo responde:

Et cum spiritu tuo.

ACTO PENITENCIAL

3. El Santo Padre invita a los fieles a un acto penitencial:

Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general: 

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Y, golpeándose el pecho, dicen:

Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.

Luego, prosiguen: 

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Sigue la absolución del sacerdote:

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

El pueblo responde:

Amén.

4. Siguen las invocaciones Señor, ten piedad (Kýrie, eléison).

HIMNO DEL GLORIA

5. En seguida se canta el himno Gloria a Dios en el Cielo (Gloria in excélsis Deo). Se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta la Vigilia pascual.

ORACIÓN COLECTA

6. Terminado el himno, el Santo Padre, con las manos juntas, dice:

Oremos.

Y todos rezan con el Santo Padre durante un rato en silencio.

Luego el Santo Padre, con los brazos abiertos, dice la oración colecta:

Al congregarnos oh, Dios, para celebrar esta Cena santísima en la que tu Unigénito, cuando iba a entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno y el banquete de su amor, te pedimos alcanzar, de tan gran misterio, la plenitud de caridad y de vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

al terminar, el pueblo aclama:

Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
(Ex. 2, 1-8. 11-14)

Prescripciones sobre la cena pascual.

7. El lector se dirige al ambón para proclamar la primera lectura, que todos escuchan sentados.

Del libro del Éxodo.

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para ustedes el principal de los meses; será para ustedes el primer mes del año. Digan a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.

Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogerán entre los corderos o los cabritos. Lo guardarán hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer”. Tomarán la sangre y rociarán las dos jambas y el dintel de la casa donde lo coman. Esa noche comerán la carne, asada a fuego, y comerán panes sin fermentar y hierbas amargas.

Y lo comerán así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y se lo comerán a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor.

Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor.

La sangre será la señal de ustedes en las casas donde habitan. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante ustedes, y no habrá entre ustedes plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto.

Este día será memorable para ustedes; en él celebrarán fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejarán».

Para indicar el final de la lectura, el lector aclama:

Verbum Domini

Todos responden:

Deo Gratias

Después de las lecturas, se recomienda un momento de silencio para meditar. 

SALMO RESPONSORIAL
(Sal 115)

8. El salmista o cantor canta el salmo, y el pueblo el coro.

℟. Gracias Señor, por tu sangre que nos lava.

SEGUNDA LECTURA
(1Cor 11, 23-26)

Cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, 
proclaman la muerte del Señor.

9. La segunda lectura, el lector la proclama desde el ambón como se ha descrito anteriormente.

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos: 
Yo recibí del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria mía siempre que beban de él”. Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Para indicar el final de la lectura, el lector aclama:

Verbum Domini

Todos responden:

Deo Gratias

10. Sigue la aclamación.

11. Mientras tanto, el Santo Padre, con el incienso, lo coloca en el turibulo. El diácono, que está a punto de proclamar el Evangelio, se inclina profundamente ante el Santo Padre y pide la bendición en voz baja:

Padre, dame tu bendición.

El Santo Padre dice en voz baja:

El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:

Amén.

EVANGELIO
(Jn 15, 9-17)

Los amó hasta el extremo.

12. El diácono se dirige al ambón, acompañado de los ministros con el incienso y los ciriales, y dice:

Dominus vobiscum.

El pueblo responde:

Et cum spiritu tuo.

El diácono dice:

 Léctio sancti Evangélii secúndum Ioannem.

En cuanto esto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho

El pueblo responde:

Gloria tibi, Domini.

A continuación, el diácono inciensa el libro y proclama el Evangelio.

En aquel tiempo, antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. 

En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús, consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó de la mesa, se quitó el manto y tomando una toalla, se la ciñó; luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que se había ceñido. Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: “Señor, ¿me vas a lavar tú a mí los pies?” Jesús le replicó: “Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde”. Pedro le dijo: “Tú no me lavarás los pies jamás”. Jesús le contestó: “Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Entonces le dijo Simón Pedro: “En ese caso, Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza”. Jesús le dijo: “El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no todos”. Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: ‘No todos están limpios’. Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan”

13. Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:

Verbum Domini.

El pueblo responde:

Laus tibi Christe.

Luego lleva el libro al Santo Padre, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.

HOMILÍA

14. Enseguida, estando todos sentados, el Santo Padre hace la homilía, en la que partiendo del texto de las lecturas proclamadas en la liturgia de la Palabra, instruye al clero y al pueblo sobre los misterios a contemplar.

LAVATORIO DE LOS PIES

15. Después de la homilía se lleva a cabo el lavatorio de los pies. Las personas designadas van, acompañadas por los ministros, a ocupar los asientos preparados para ellas. 

El Santo Padre, se quita la casulla si es necesario, y se acerca a cada una de las personas designadas. Con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se los seca. Mientras tanto, se cantan algunas de las antífonas o algún canto apropiado.

ORACIÓN UNIVERSAL

16. Inmediatamente después del lavatorio de los pies, el Santo Padre se lava y seca las manos, vuelve a ponerse la casulla y va a la sede desde la que dirige la oración universal.

El Santo Padre dice:
Oremos, hermanas y hermanos, a Dios Padre que, en Jesucristo nos ha amado hasta el extremo, y digámosle confiados:

            R. Dominum depreceamur: Te rogamos audi nos.

— Para que la Iglesia, Cuerpo de Cristo, guarde la unidad en la caridad, sea testimonio para todos los hombres y conduzca a sus fieles al encuentro definitivo con el Señor. Oremos. R.

— Para que los gobernantes de las naciones sirvan a sus pueblos y privilegien los caminos de justicia y paz. Oremos. R.

— Para que los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas, imitando el ejemplo de Cristo, continúen su servicio con amor y generosidad, sin temor a la crítica y la persecución. Oremos. R.

— Para que las vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa, escuchando la llamada del Señor, no se dejen seducir por las tentaciones del mundo y encuentren en Jesús el amor verdadero. Oremos. R.

— Para que nosotros, pueblo de Dios, sigamos el ejemplo de Cristo y vivamos a plenitud el mandamiento del amor hacia todos los hermanos. Oremos. R.

El Santo Padre concluye diciendo:
Dios Padre nuestro, que has amado tanto al mundo que has constituido a tu Hijo Jesucristo, Pontífice en favor nuestro: escucha nuestras súplicas, y que su entrega por el sacramento que celebramos sea culto agradable a ti, y fuente de santificación para tus fieles. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

El pueblo responde:

Amen.

LITURGIA EUCARÍSTICA

17. Comienza el canto para el ofertorio.

18. Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.

19. El Santo Padre, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en sus manos y, elevándola un poco por encima del altar, reza en silencio.

Después deposita la patena con el pan sobre el altar.

20. El diácono vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.

22. El Santo Padre recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco sobre el altar, reza en silencio.

Coloca el cáliz sobre el altar.

23. A continuación, el Santo Padre, profundamente inclinado, reza en silencio.

24. Inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. A continuación, el diácono inciensa al Santo Padre y al pueblo.

25. A continuación, el Santo Padre, de pie junto al altar, se lava las manos, orando en silencio.

26. Después, de pie en medio del altar y de cara al pueblo, el Santo Padre extiende y junta las manos y dice:

Oren, hermanos, para que este sacrificio, mío y de ustedes, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo se levanta y responde:

El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

27. Luego el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración sobre las ofrendas.

Concédenos, Señor, participar dignamente en estos misterios, pues cada vez que se celebra el memorial del sacrificio de Cristo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Al terminar, el pueblo aclama:

Amén.

PREFACIO
(El Sacrificio y el Sacramento de Cristo)

28. El Santo Padre comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:

Dóminus vobíscum.

El pueblo responde:

Et cum spíritu tuo.

El Santo Padre prosigue:

Sursum corda.

El pueblo:

Habémus ad Dóminum.

El Santo Padre añade:

Grátias agámus Dómino Deo nostro.

El pueblo:

Dignum et iustum est.

El Santo Padre prosigue el prefacio.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. 

El cual, verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció primero a ti como víctima salvadora, y nos mandó que lo ofreciéramos como memorial suyo.
Cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos; y cuando bebemos su sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros pecados.

Por eso, con los ángeles y los arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando en voz alta el Santo (Sanctus).

PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO

29. El Santo Padre, dice:

CP Padre misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes 

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:

y bendigas  estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, 

Con las manos extendidas, prosigue: 

ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, conmigo indigno siervo tuyo, y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
 
30. Conmemoración de los vivos
C1 Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.] y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a tí, eterno Dios, vivo y verdadero.

31. Conmemoración de los Santos
C2 Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

32. Con las manos extendidas, prosigue:

CP Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa, que te presentamos en el día mismo en que nuestro Señor Jesucristo encomendó a sus discípulos la celebración del sacramento de su Cuerpo y de su Sangre; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.

33. Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice: 

CC Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor. 

34. En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.

Él cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres,

Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 

tomó pan en sus santas y venerables manos

Eleva los ojos. 

y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
ACCÍPITE ET MANDUCÁTE EX HOC OMNES: HOC EST ENIM CORPUS MEUM, QUOD PRO VOBIS TRADÉTUR. 

Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.

35. Después prosigue: 

Del mismo modo, acabada la cena, 

Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue: 

tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
ACCÍPITE ET BÍBITE EX EO OMNES: HIC
EST ENIM CALIX SÁNGUINIS MEI NOVI
ET ÆTÉRNI TESTAMÉNTI, QUI PRO
VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDÉTUR IN
REMISSIÓNEM PECCATÓRUM.
HOC FÁCITE IN MEAM
COMMEMORATIÓNEM.

Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.

36. Luego dice: 

Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo aclama:

Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

37. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice: 

CC Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación. 

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.

38. Inclinado, con las manos juntas, prosigue: 

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Angel, para que cuantos rcibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar, 

Se endereza y se signa, diciendo: 

seamos colmados de gracia y bendición. 

junta las manos. 

Por Cristo, nuestro Señor. Amén. 

39. Conmemoración de los difuntos
C3: Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. 

Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.

Después, con las manos extendidas, prosigue: 
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. 
Junta las manos.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

40. Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo: 
C4: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas, prosigue: 
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia, y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad. 
Junta las manos. 
Por Cristo, Señor nuestro.

41. Y el Santo Padre continúa: 

Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.  
 
42. Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:

CP o CC Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama:

Amén.

RITO DE COMUNIÓN

43. Una vez depositados el cáliz y la patena sobre el altar, el sacerdote, con las manos juntas, dice:

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; digamos con fe y esperanza:

El Santo Padre extiende las manos y, junto con el pueblo, continúa:

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.

44. El Santo Padre, con las manos extendidas, prosigue diciendo:

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Junta las manos.

El pueblo concluye la oración, aclamando:

Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

45. Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.

Junta las manos.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

Amén.

46. El Santo Padre, vuelto hacia el pueblo, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con ustedes.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, añade:

Dense fraternalmente la paz.
 
47. Después toma el pan consagrado, lo parte sobre la patena y pone una partícula dentro del cáliz, rezando en silencio.
 
48. En cuanto pasa esto, se canta el Cordero de Dios (Agnus Dei).

49. A continuación, el Santo Padre, con las manos juntas, reza en silencio.

50. El Santo Padre hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena o sobre el cáliz, de cara al pueblo, dice con voz clara:

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.  

51. En cuanto el Santo Padre comulga el Cuerpo de Cristo, inicia el canto da Comunión.

52. Terminada la Comunión, se deja sobre el altar el píxide con el pan consagrado para la comunión del día siguiente. La misa acaba con la oración después de la comunión.

Mientras tiene lugar la purificación, el Santo Padre reza en silencio.

53. A continuación, el Santo Padre vuelve a la cátedra. Es aconsejable guardar un momento de silencio sagrado o recitar un salmo u otro canto de alabanza.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

54. Luego, de pie en la sede o en el altar, el Santo Padre dice:

Oremos.

Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes. 

Después el Santo Padre, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.

Dios todopoderoso, alimentados en el tiempo por la Cena de tu Hijo, concédenos, de la misma manera, merecer ser saciados en el banquete eterno. Por Jesucristo nuestro Señor.

al terminar, el pueblo aclama:

Amén. 

TRASLADO DEL SANTISIMO SACRAMENTO

55. Dicha la oración después de la comunión, el Santo Padre, de pie, pone incienso en el incensario, y de rodillas inciensa tres veces el Santísimo Sacramento. Después, poniéndose el paño de hombros de color blanco, se levanta, toma en sus manos la píxide y la cubre con el extremo del humeral. 

Se organiza la procesión, en la que, en medio de cirios e incienso, se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hasta el lugar de la reserva, preparada en alguna parte de la iglesia o en alguna capilla convenientemente ornamentada. Va delante un ministro laico con la cruz, en medio de otros dos con cirios encendidos. Le siguen otros llevando velas encendidas. Delante del sacerdote que lleva el Santísimo Sacramento va el turiferario con el incensario humeante.

56. Cuando la procesión ha llegado al lugar de la reserva, el sacerdote, con la ayuda del diácono si es necesario, deposita la píxide en el tabernáculo dejando la puerta abierta. A continuación, después de poner incienso, de rodillas, inciensa al Santísimo Sacramento. Después, el diácono o el mismo sacerdote, cierra la puerta del sagrario.

57. Después de un tiempo de adoración en silencio, el Santo Padre y los ministros, hecha la genuflexión, vuelven a la sacristía. 

Oportunamente se despoja el altar y se quitan, si es posible, las cruces de la iglesia. Si quedan algunas cruces en la iglesia, conviene que se cubran con un velo