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Corações reconciliados, humanidade renovada! #CF2026

Periodico Liturgico l III Domingo De Cuaresma

 

PERIÓDICO LITÚRGICO SEMANAL
III DOMINGO DE CUARESMA
08.03.2026

RITOS INICIALES

                                                       

ESTACIÓN CUARESMAL

Si las circunstancias lo permiten, a una hora oportuna, los fieles se reúnen en una iglesia menor u otro lugar apto, a donde llega el celebrante revestido con capa pluvial.

La procesión sale de la sacristía de la iglesia menor, rumbo al presbiterio, donde se entona un canto apropiado.

Terminado el canto de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟. Amén.

Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, en este Tercer Domingo de Cuaresma el Señor sale a nuestro encuentro como a la samaritana junto al pozo, ofreciéndonos el agua viva que sacia toda sed. Este tiempo es oportunidad para reconocer nuestra necesidad de Dios y abrirle el corazón con sinceridad. Dispongámonos a caminar  dejando que Cristo renueve nuestra vida con su gracia.

ORACIÓN

A continuación, el celebrante invita a la oración, diciendo:
Pres.: Oremos.
Ten misericordia de tu pueblo, Señor, perdona sus pecados y haz que tu indulgencia aleje de nosotros lo que merecen nuestras ofensas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

Tras eso, se ordena una procesión hacia la iglesia en donde se va a celebrar la Misa. Durante ésta se cantan la letanía de los santos o cantos penitenciales y de recogimiento.

Cuando la procesión llega a la iglesia en donde va a celebrarse la Misa, el celebrante besa el altar y, si se emplea incienso, inciensa el altar. Antes de venerar el altar, si el sacerdote revestía pluvial en la procesión, la deja y viste la casulla.

Luego, omitidos los ritos iniciales el celebrante reza la oración colecta del formulario de la Misa del día. Luego, la celebración continua como de costumbre.

                                                       

Si no se realiza la Estación, la Misa es como de costumbre.

CANTO DE ENTRADA
(Nos Has Llamado Al Desierto - Antonio Alcalde)

NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD,
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL,
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL.

TU PUEBLO, SEÑOR, CAMINA DESDE LA AURORA AL OCASO:
A TU PASCUA SE ENCAMINA Y TE SIGUE PASO A PASO.

SEÑOR, TE RECONOCEMOS Y TU PALABRA ESCUCHAMOS,
TUS CAMINOS SEGUIREMOS Y TU LEY DE AMOR CANTAMOS.

SE ACERCA, SEÑOR, TU DÍA, EN EL QUE TODO FLORECE:
CON SU LUZ Y SU ALEGRÍA YA EL CAMINO RESPLANDECE.

ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cfr. Sal 24, 15-16)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues él libra mis pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
 
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, en este Tercer Domingo de Cuaresma el Señor sale a nuestro encuentro como a la samaritana junto al pozo, ofreciéndonos el agua viva que sacia toda sed. Este tiempo es oportunidad para reconocer nuestra necesidad de Dios y abrirle el corazón con sinceridad. Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía dejando que Cristo renueve nuestra vida con su gracia.

ACTO PENITENCIAL

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo: 
Pres.: Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón. 
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote dice: 
Pres.: Señor, ten misericordia de nosotros.
℟.: Porque hemos pecado contra ti.

Continúa diciendo:
Pres.: Muestranos Señor tu misericordia.
℟.: Y danos tu salvación.

Sigue la absolución del sacerdote: 
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟.: Amén.

No se dice "Gloria"
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor Dios, fuente de misericordia y de toda bondad, que enseñaste que el remedio contra el pecado está en el ayuno, la oración y la limosna, mira con agrado nuestra humilde confesión, para que a quienes agobia la propia conciencia nos reconforte siempre tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espiritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Éx. 17, 3-7)

 Tenemos sed: danos agua para beber.
Lector: Del libro del Éxodo:
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, fue a protestar contra Moisés, diciéndole: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestro ganado?” Moisés clamó al Señor y le dijo: “¿Qué puedo hacer con este pueblo? Sólo falta que me apedreen”. Respondió el Señor a Moisés: “Preséntate al pueblo, llevando contigo a algunos de los ancianos de Israel, toma en tu mano el cayado con que golpeaste el Nilo y vete. Yo estaré ante ti, sobre la peña, en Horeb. Golpea la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.

Así lo hizo Moisés a la vista de los ancianos de Israel y puso por nombre a aquel lugar Masa y Meribá, por la rebelión de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 94)

℟. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Vengan, lancemos vivas al Señor, 
aclamemos al Dios que nos salva. 
Acerquémonos a él, llenos de júbilo, 
y démosle gracias℟.

Vengan, y puestos de rodillas, 
adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo,
pues él es nuestro Dios y nosotros su pueblo; 
él es nuestro pastor y nosotros, sus ovejas. ℟.

Hagámosle caso al Señor, que nos dice: 
“No endurezcan su corazón, 
como el día de la rebelión en el desierto, 
cuando sus padres dudaron de mí, 
aunque habían visto mis obras”. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(2Rm 5, 1-2. 5-8)
 
Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo

Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo:
Hermanos: 
Ya que hemos sido justificados por la fe, mantengámonos en paz con Dios, por mediación de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido, con la fe, la entrada al mundo de la gracia, en el cual nos encontramos; por él, podemos gloriarnos de tener la esperanza de participar en la gloria de Dios.

La esperanza no defrauda, porque Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.

Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cfr. Jn 4, 42. 15)
 
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
℣.Señor, tú eres el Salvador del mundo. Dame de tu agua viva para que no vuelva a tener sed.

¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.:
 El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.:
 Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
EVANGELIO
(Jn. 4, 5-42)
  
Un manantial capaz de dar la vida eterna

Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
 
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Juan.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
 Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.:
 E
n aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido’’. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.

La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba. Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador.

Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.] Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”. 

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

                                                       

O bien, mas breve

℣.: En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.

Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.

La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.

La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”. La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.
 
                                                       

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA
Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.
 
CREDO
(Simbolo de los Apostoles)

Terminada la homilía, se dice el Símbolo o Profesión de fe. En este tiempo cuaresmal, es recomendable usar el Simbolo Apostolico:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. 
Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL
Después se hace la oración universal.
Pres.: Instruidos por el ejemplo de Jesús, el Señor, que en el desierto se entregaba a la oración, oremos también nosotros con insistencia a nuestro Dios y Padre, diciendo:
℟.:  Señor, ten piedad.
 
1. Para que todos los fieles –por medio de las penitencias y prácticas cuaresmales– sean purificados de sus culpas y vean fortalecida su vida cristiana, roguemos al Señor.

2. Para que todos los pueblos alcancen la paz y el bienestar necesario y puedan así buscar más fácilmente los bienes del cielo, roguemos al Señor.

3. Para que el Señor conceda su fuerza a los que se ven tentados, infunda el deseo de la conversión a los pecadores y otorgue el consuelo del cielo a los que están tristes, roguemos al Señor.

4. Para que infunda en todos nosotros el deseo de una verdadera conversión, a fin de que nos preparemos a celebrar debidamente el sacramento pascual de la penitencia, roguemos al Señor.

5. Para que nuestra Comunidad y la Iglesia Universal en este tiempo cuaresmal se esfuercen en alcanzar a beber de esa agua viva, de la cual brota la salvación, roguemos al Señor.

Pres. Señor nuestro, fuente de todo bien, que nunca dejas de ofrecernos el agua viva de la gracia –que brota de la roca, que es Cristo– concédenos el don del Espíritu, para que manifestemos con valentía nuestra fe y anunciemos con gozo a nuestros hermanos las maravillas de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Acepta Señor El Vino Y El Pan - J. Madruga)

Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

ACEPTA SEÑOR EL VINO Y EL PAN
CON ELLOS TRAEMOS TU OFRENDA A TU ALTAR

SOBRE TU ALTAR SEÑOR VA NUESTRA OFRENDA
EL ABRAZO SINCERO AL HERMANO
PERDONÁNDONOS NUESTRAS OFENSAS.

SOBRE EL ALTAR, SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA:
TRABAJAR POR UN MUNDO MÁS JUSTO DE IGUALDAD
Y CONCORDIA FRATERNA.

SOBRE EL ALTAR, SEÑOR, VA NUESTRA OFRENDA:
CONVERTIR NUESTRA VIDA PASADA
AL MENSAJE DE TU BUENA NUEVA.

El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Por estas ofrendas, Señor, concédenos benigno el perdón de nuestras ofensas, y ayúdanos a perdonar a nuestros hermanos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

PREFACIO
(La Samaritana)

El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor Nuestro.
 
Él mismo, cuando pedía a la Samaritana que le diera de beber, ya había infundido en ella el don de la fe; y si quiso tener sed de la fe de esa mujer fue para encender en ella el fuego de su amor divino.
 
Por eso, te damos gracias y proclamamos tu grandeza cantando con los ángeles:
 
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
 Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA 
«DE LA RECONCILIACIÓN» I

El sacerdote dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
 
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu 

Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
Pres.: para que se conviertan en el Cuerpo  y Sangre de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.
Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo: tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.

El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Mientras comía con ellos,

Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz,

Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTA ES MI SANGRE QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MIA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos la venida gloriosa, te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.

Mira bondadosamente, Padre, a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
 
C1: Guárdanos siempre en comunión de fe y amor con nuestro Papa Benedicto, y con nuestro Obispo N. Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre los santos del cielo, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.

Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias

Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
 Fieles a la recomendación del Salvador, y siguiendo su Divina enseñanza, nos atrevemos a decir:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
 Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
 Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
 Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Dense fraternalmente la paz.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.: 
 Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
 
CANTO DE COMUNIÓN
(Oh Buen Jesús - J. Morales)

OH, BUEN JESÚS, YO CREO FIRMEMENTE
QUE POR MI BIEN ESTÁS EN EL ALTAR
QUE DAS TU CUERPO Y SANGRE, JUNTAMENTE
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR
AL ALMA FIEL, EN CELESTIAL MANJAR

INDIGNO SOY, CONFIESO AVERGONZADO
DE RECIBIR LA SANTA COMUNIÓN
JESÚS QUE VES MI NADA Y MI PECADO
PREPARA TÚ MI POBRE CORAZÓN
PREPARA TÚ MI POBRE CORAZÓN

PEQUÉ, SEÑOR, INGRATO TE HE OFENDIDO
INFIEL TE FUI, CONFIESO MI MALDAD
CONTRITO YA, PERDÓN, SEÑOR, TE PIDO
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD
ERES MI DIOS, APELO A TU BONDAD

ESPERO EN TI, PIADOSO, JESÚS MÍO
OIGO TU VOZ QUE DICE "VEN A MÍ"
PORQUE ERES FIEL, POR ESO EN TI CONFÍO
TODO, SEÑOR, ESPÉROLO DE TI
TODO, SEÑOR, ESPÉROLO DE TI

Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
 El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cf. Jn 4, 14)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.:
 
Dice el Señor: El que beba del agua que yo le daré ella se convertirá, para él, en un manantial que brotará hasta la vida eterna.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Alimentados en la tierra con el pan del cielo, prenda de eterna salvación, te suplicamos, Señor, que lleves a su plenitud en nuestra vida la gracia recibida en este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL
(Oración sobre el pueblo)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Dirige, Señor, los corazones de tus fieles y da en tu bondad a tus siervos una gracia tan grande que, cumpliendo en plenitud tus mandamientos, nos haga permanecer en tu amor y en el de nuestro prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
 Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
 En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

ANTIFONA MARIANA
(Ave, Regina Caelorum)
En latín:
Ave, Regina Caelorum, 
Ave, Domina Angelorum: Salve, radix, salve, porta Ex qua mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes specioa, Vale, o valde decora, Et pro nobis Christum exora.
En español:
Salve, Reina de los cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros

Después el sacerdote se retira a la sacristía. Durante el tiempo cuaresmal es recomendable evitar el canto de envío.