MIERCOLES DE CENIZA
18.02.2026
En la Misa de este día se bendice y se impone las cenizas de los ramos de olivo o de otros árboles que fueron bendecidos el Domingo de Ramos del año precedente.
RITOS INICIALES
ESTACIÓN CUARESMAL
Si las circunstancias lo permiten, a una hora oportuna, los fieles se reúnen en una iglesia menor u otro lugar apto, a donde llega el celebrante revestido con capa pluvial.
La procesión sale de la sacristía de la iglesia menor, rumbo al presbiterio, donde se entona un canto apropiado.
Terminado el canto de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, hoy comenzamos la Cuaresma, un tiempo que la Iglesia ofrece para convertirnos, orar más, practicar la caridad y aprender a vivir el Evangelio con mayor fidelidad. Al recibir la ceniza recordamos que somos frágiles y que necesitamos cambiar el corazón para volver a Dios. Participemos con fe en esta celebración.
ORACIÓN
A continuación, el celebrante invita a la oración, diciendo:
Pres.: Oremos.
Ten misericordia de tu pueblo, Señor, perdona sus pecados y haz que tu indulgencia aleje de nosotros lo que merecen nuestras ofensas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.
Tras eso, se ordena una procesión hacia la iglesia en donde se va a celebrar la Misa. Durante ésta se cantan la letanía de los santos o cantos penitenciales y de recogimiento.
Cuando la procesión llega a la iglesia en donde va a celebrarse la Misa, el celebrante besa el altar y, si se emplea incienso, inciensa el altar. Antes de venerar el altar, si el sacerdote revestía pluvial en la procesión, la deja y viste la casulla.
Luego, omitidos los ritos iniciales el celebrante reza la oración colecta del formulario de la Misa del día. Luego, la celebración continua como de costumbre.
Si no se realiza la Estación, la Misa es como de costumbre.
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
CANTO DE ENTRADA
(A Ti Levanto Mis Ojos - Miguel Manzano)
A TI LEVANTO MIS OJOS,
A TI QUE HABITAS EN EL CIELO
A TI LEVANTO MIS OJOS
PORQUE ESPERO TU MISERICORDIA.
COMO ESTÁN LOS OJOS DE LOS ESCLAVOS
FIJOS EN LAS MANOS DE SUS SEÑORES,
ASÍ ESTÁN NUESTROS OJOS EN EL SEÑOR,
ESPERANDO SU MISERICORDIA.
COMO ESTÁN LOS OJOS DE LA ESCLAVA
FIJOS EN LAS MANOS DE SU SEÑORA,
ASÍ ESTÁN NUESTROS OJOS EN EL SEÑOR,
ESPERANDO SU MISERICORDIA.
MISERICORDIA, SEÑOR, MISERICORDIA,
QUE ESTAMOS SACIADOS DE BURLAS,
MISERICORDIA, SEÑOR, MISERICORDIA
QUE ESTAMOS SACIADOS DE DESPRECIOS.
Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cf. Sb 11, 23.24.26)
Señor, tú eres misericordioso con todos y no aborreces nada de lo que has hecho, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdonas, porque tú eres el Señor, nuestro Dios.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, hoy comenzamos la Cuaresma, un tiempo que la Iglesia ofrece para convertirnos, orar más, practicar la caridad y aprender a vivir el Evangelio con mayor fidelidad. Al recibir la ceniza recordamos que somos frágiles y que necesitamos cambiar el corazón para volver a Dios. Participemos con fe en esta celebración.
En esta celebración se omite el acto penitencial, ya que es sustituido por la imposición de la ceniza.
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor nuestro, concédenos iniciar con el santo ayuno cuaresmal un camino de verdadera conversión y de afrontar con la penitencia la lucha contra el espíritu del mal. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Jl. 2, 12-18)
Desgarren su corazón y no sus vestiduras
Lector: Del libro del profeta Joel:
Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque Él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!
¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!
Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: «¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»
El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 50)
℟. ¡Ten piedad, Señor, porque hemos pecado!
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado! ℟.
Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti solo pequé
e hice lo que es malo a tus ojos. ℟.
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu. ℟.
Devuélveme la alegría de tu salvación,
que tu espíritu generoso me sostenga:
Abre mis labios, Señor,
y mi boca proclamará tu alabanza. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(2Cor. 5, 20, 6, 2)
Déjense reconciliar con Dios. Este es el tiempo favorable
Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a los corintios:
Hermanos:
Nosotros somos embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: déjense reconciliar con Dios. A Aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por Él.
Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque Él nos dice en la Escritura: "En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí". Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cf. Sal 94, 8a. 7d)
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
℣.: No endurezcan su corazón, sino escuchen la voz del Señor.
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
EVANGELIO
(Mt. 6, 1-6. 16-18)
Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
℟.: Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
HOMILÍA
BENDICION E IMPOCISION DE LA CENIZA
Queridos hermanos:
Oremos a Dios, nuestro Padre, para que se digne bendecir con su gracia estas cenizas que vamos a imponer sobre nuestras cabezas en señal de penitencia.
Y después de una breve oración en silencio, prosigue con las manos extendidas:
Dios nuestro,
que te conmueves ante quienes se humillan y hacen penitencia,
escucha con bondad nuestra súplica
y derrama la gracia ✠ de tu bendición
sobre estos hijos tuyos que van a recibir las cenizas,
para que sean fieles a las prácticas cuaresmales
y así lleguen a celebrar, con un corazón puro,
el misterio pascual de tu Hijo.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
o bien:
Señor y Dios nuestro,
que no quieres la muerte del pecador, sino que se arrepienta,
escucha con bondad nuestra oración
y bendice ✠ estas cenizas
que vamos a imponer sobre nuestras cabezas,
reconociendo que somos polvo y al polvo hemos de volver,
y concédenos, por medio de las prácticas cuaresmales,
el perdón de nuestros pecados
y la vida nueva a imagen de tu Hijo resucitado.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
Y rocía con agua bendita las cenizas, sin decir nada.
Seguidamente, todos los fieles se acercan al sacerdote que impone la ceniza sobre ellos; a cada uno le dice:
Conviértete y cree en el Evangelio (Cf. Mc 1, 15)
o bien:
Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás. (Cf. Gn 3, 19)
Mientras tanto se canta:
ANTIFONA 1
Revistamos el hábito de la penitencia con la ceniza y el cilicio; ayunemos y lloremos delante del Señor, porque nuestro Dios es compasivo y misericordioso para perdonar nuestros pecados.
ANTIFONA 2
(Cf. Jl 2,17; Est 4, 17)
Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, diciendo: Perdona, Señor, a tu pueblo; no permitas que callen quienes te alaban.
ANTIFONA 3
(Sal 50, 3)
Borra mi culpa, Señor.
Esta antífona puede repetirse después de cada uno de los versículos del salmo 50:
(Cf. Bar 3, 2; Sal 78, 9)
Reparemos el mal que cometimos por nuestra ignorancia, no sea que, sorprendidos por la muerte, busquemos el tiempo para hacer penitencia y no lo encontremos. * Míranos, Señor, y ten piedad de nosotros, porque hemos pecado contra ti.
Ayúdanos, Dios salvador nuestro, por el honor de tu nombre; líbranos, Señor. * Míranos, Señor.
Puede cantarse también otro canto apropiado.
CANTO
(Con Estas Cenizas Señor - Lourdes Montgomery)
CON ESTAS CENIZAS, SEÑOR
RENUNCIAMOS AL PECADO
CON ESTAS CENIZAS, SEÑOR
NOS ACERCAMOS A TI
ARREPENTIDOS, SEÑOR
CAMINAMOS HACIA TI
TEN PIEDAD, JESÚS
PORQUE SOMOS PECADORES
DESDE LO HONDO, SEÑOR
HOY CLAMAMOS HACIA TI
EN LAS ORACIONES, SEÑOR
BUSCAMOS TU ROSTRO
CON EL AYUNO, SEÑOR
SE ALIMENTA EL ESPÍRITU
LOS 40 DÍAS
AYUNEMOS POR LA FE
ARROJEMOS TODO EL MAL
LA ENVIDIA Y EL ODIO
Acabada la imposición de las cenizas, el sacerdote se lava las manos y la Misa continúa como de costumbre.
No se dice Credo.
LITURGIA EUCARÍSTICA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Te Ofrecemos Padre Eterno - Tradicional)
TE OFRECEMOS, PADRE ETERNO, GRAN SEÑOR,
LAS OFRENDAS QUE HOY PONEMOS EN TU ALTAR;
Y CON ELLAS NUESTRA VIDA Y TODO LO QUE SOMOS.
POR LOS CAMPOS DISPERSO EN ESPIGAS,
HECHO PAN TE OFRECEMOS SUS GRANOS,
COMO SIGNO DE UNIÓN Y DE FE.
ESTE PAN MEMORIAL DE SU MUERTE
TE OFRECEMOS, SEÑOR, Y ORAMOS:
SÉ PROPICIO A TU PUEBLO, SEÑOR.
DE SU SANGRE ES FIGURA ESTE CÁLIZ,
POR LA NUEVA ALIANZA, VERTIDA
PARA DAR DEL PECADO EL PERDÓN.
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Al ofrecerte el sacrificio con el que iniciamos solemnemente la Cuaresma, te pedimos, Señor, que por las obras de penitencia y caridad, dominemos nuestras pasiones y, limpios de pecado podamos celebrar con fervor la Pascua de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
PLEGARIA EUCARÍSTICA
«DE LA RECONCILIACIÓN» I
PREFACIO PROPIO
El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: En verdad es justo y necesario darte gracias siempre, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno:
Porque no dejas de alentarnos a tener una vida más plena, y, como eres rico en misericordia, ofreces siempre tu perdón e invitas a los pecadores a confiar sólo en tu indulgencia.
Nunca te has apartado de nosotros, que muchas veces hemos quebrantado tu alianza, y por Jesucristo tu Hijo, nuestro Redentor, tan estrechamente te has unido a la familia humana con un nuevo vínculo de amor, que ya nada lo podrá romper.
Y ahora, mientras le ofreces a tu pueblo un tiempo de gracia y reconciliación, alientas a esperar en Cristo Jesús a quien se convierte a ti y le concedes ponerse al servicio de todos los hombres, confiando mas plenamente en el Espíritu Santo.
Por eso, llenos de admiración, ensalzamos la fuerza de tu amor y proclamando la alegría de nuestra salvación, con todos los coros celestiales, cantemos sin cesar el himno de tu gloria:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
El sacerdote dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
Pres.: Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu para que se conviertan en el Cuerpo ✠ y Sangre de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.
Pres.: Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo: tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.
Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Mientras comía con ellos,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTA ES MI SANGRE QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MIA.
Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos la venida gloriosa, te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.
Mira bondadosamente, Padre, a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
C1: Guárdanos siempre en comunión de fe y amor con nuestro Papa Benedicto, y con nuestro Obispo N. Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre los santos del cielo, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.
Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias
Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
℟.: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
CANTO DE COMUNION
(Dichoso El Hombre - Antonio Alcalde)
DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO
SU CONFIANZA EN EL SEÑOR
DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO
SU CONFIANZA EN EL SEÑOR
DICHOSO EL HOMBRE QUE NO SIGUE EL CONSEJO DE LOS IMPÍOS,
NI ENTRA POR LA SENDA DE LOS PECADORES,
SINO QUE SU GOZO ES LA LEY DEL SEÑOR,
Y MEDITA SU LEY DÍA Y NOCHE.
SERÁ COMO UN ÁRBOL
PLANTADO AL BORDE DE LA ACEQUIA,
DA FRUTO EN SU SAZÓN Y NO SE MARCHITAN SUS HOJAS;
Y CUANTO EMPRENDE TIENE BUEN FIN.
NO ASÍ LOS IMPÍOS, NO ASÍ
SERÁN PAJA QUE ARREBATA EL VIENTO
PORQUE EL SEÑOR PROTEGE EL CAMINO DE LOS JUSTOS,
PERO EL CAMINO DE LOS IMPÍOS ACABA MAL.
℣.: El Cuerpo de Cristo.
℟.: Amén.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cf. Sal 1, 2-3)
Si no hay canto de comunión, se recita la antífona:
℣.: El que medita la ley del Señor de día y de noche da fruto a su debido tiempo.
℣.: El que medita la ley del Señor de día y de noche da fruto a su debido tiempo.
Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
Fortalécenos, Señor Dios, con los sacramentos recibidos para que nuestro ayuno sea agradable a tus ojos y cure todos nuestros males. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
(Oración sobre el pueblo)
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
Pres.: Infunde el espíritu de arrepentimiento sobre los que se inclinan ante ti, Dios nuestro, para que merezcan conseguir, por tu misericordia, los premios prometidos a los que hacen penitencia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
℟.: Amén.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
ANTIFONA MARIANA
(Ave, Regina Caelorum)
En latín:
Ave, Regina Caelorum, Ave, Domina Angelorum: Salve, radix, salve, porta Ex qua mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes specioa, Vale, o valde decora, Et pro nobis Christum exora.En español:
Salve, Reina de los cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros