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Corações reconciliados, humanidade renovada! #CF2026

Celebración de la Palabra del Señor | Libreto Celebrativo


CELEBRACIÓN
DE LA PALABRA DEL SEÑOR

PARA LA ENTREGA DEL BIRRETE
Y DE LA BULA DE CONDECORACIÓN

XV.I.MMXXVI

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RITOS INICIALES

1. Reunido el pueblo en el lugar indicado, el Legado Pontificio se dirige al altar con los ceremonieros y el neo-prelado, durante un canto.

Al llegar al altar, el neo-prelado hace una profunda inclinación. Luego se dirige a la sede.

El Legado Pontificio, al llegar al altar, hace junto con los ceremonieros una profunda inclinación y se dirige a su sede.

Terminado el canto, el Legado Pontificio y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz, mientras el Legado Pontificio, vuelto hacia el pueblo, dice:

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

El pueblo responde:

Amén.

2. A continuación, el Legado Pontificio, abriendo los brazos, saluda al pueblo:

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, nuestro Señor, estén con vosotros.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

3. Todos se sientan. El neo-prelado dirige un discurso de homenaje y agradecimiento.

4. Después, el Legado Pontificio dice:

Oremos.

Y todos oran con el Legado Pontificio, durante un momento, en silencio.

Luego el Legado Pontificio, con los brazos abiertos, reza la oración colecta:

Señor, Dios nuestro, te rogamos por medio de tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo, que por la efusión del Espíritu Santo continúes derramando tus gracias sobre este tu siervo, al frente de su ministerio sacerdotal, para la constante edificación de tu Santa Iglesia y de tu santo sacrificio. Él, que es Dios, y contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Al terminar, el pueblo aclama:

Amén.

EVANGELIO
(Mc 10,32-45)

5. Todos se sientan, mientras el lector se dirige al ambón y dice:

Hermanos, escuchen la Palabra del Señor, del Evangelio según san Marcos:

Después de resucitar, en la madrugada del primer día después del sábado, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la cual había expulsado siete demonios. ¹⁰Ella fue a anunciarlo a los seguidores de Jesús, que estaban de luto y llorando. ¹¹Cuando oyeron que estaba vivo y que había sido visto por ella, no quisieron creer. ¹²Después, Jesús se apareció a dos de ellos con otra apariencia, mientras iban al campo. ¹³Ellos también regresaron y lo anunciaron a los demás, pero tampoco a estos les creyeron. ¹⁴Finalmente, Jesús se apareció a los once discípulos mientras estaban comiendo, y los reprendió por su falta de fe y la dureza de su corazón, porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. ¹⁵Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda criatura».

HOMILÍA

6. Terminada la proclamación del Evangelio, el Legado Pontificio hace su reflexión.

ENTREGA DE LA BULA DE CONDECORACIÓN

7. Después de la reflexión, se da inicio al rito de entrega de la Bula de Condecoración, con la lectura de la misma Bula, que será realizada por un presbítero desde el ambón.


BENEDICTUS EPISCOPUS
SERVUS SERVORUM DEI

dilecto filio, Sebastián Ross,
Salutem et Apostolicam Benedictionem.

La perenne alianza de Cristo con su Iglesia encuentra reflejo en el ministerio sacerdotal, signo del amor eterno de Dios por su pueblo (cf. Ef 5,24-25). Dicha alianza se vive cotidianamente mediante la entrega solícita de los presbíteros que, configurados con Cristo Sacerdote, actúan como pastores, maestros de la fe y servidores del altar. Reconociendo el valor de este ministerio y los méritos de aquellos que, con fidelidad y amor, dedican sus vidas a la edificación del Reino de Dios, la Sede Apostólica confiere títulos honoríficos como signo de aprecio y estímulo al servicio continuo.

De acuerdo con el Motu Proprio Ordine ad Presbyterus, reiteramos que tales dignidades no son títulos de prestigio mundano, sino signos visibles de comunión eclesial y de estímulo para el impulso evangelizador. Los títulos honoríficos, como reflejo del servicio eclesial, son medios para animar la renovación misionera del clero, a fin de que ejerza su apostolado con ardor y humildad.

De este modo, tras examinar las razones, cualidades y aptitudes presentadas, te conferimos la dignidad de Capellán de Su Santidad, a ti, hijo dilecto, reconociendo tu fidelidad al ministerio y tu dedicación al cuidado pastoral en tu circunscripción eclesiástica.

Asimismo, disponemos que quien recibe esta dignidad solo está autorizado a usar las vestiduras eclesiásticas apropiadas a su nueva condición, conforme a las disposiciones del mencionado Motu Proprio Ordine ad Presbyterus, de las normas litúrgicas y de las buenas costumbres, a partir de la entrega de las insignias. Dicha entrega debe realizarse «en una celebración, ya sea eucarística, de la Palabra o de la Liturgia de las Horas, presidida por el Delegado Pontificio o por el Obispo Diocesano, inmediatamente después de la homilía. Para tal ocasión, se lee la condecoración enviada por el Santo Padre y el presidente entrega en las manos del monseñor su birrete sin decir nada; entonces el monseñor lo coloca sobre su cabeza y saluda al presidente. Luego, se prosigue el rito como de costumbre» (n.º 8).

Además, reiteramos con vehemencia que este título, de naturaleza honorífica, no altera la misión fundamental del sacerdote, que permanece dedicada a la predicación del Evangelio, a la celebración de los sacramentos y al servicio de la comunidad cristiana. De este modo, exhortamos al sacerdote así condecorado a continuar desempeñando su ministerio con humildad y espíritu de servicio, recordando que todo honor en la Iglesia debe estar orientado a la mayor gloria de Dios y a la edificación de su pueblo.

Datum Romae, apud Sanctum Petrum, die IX mensis Ianuarii, anno Domini bis millesimo vicesimo sexto, Pontificatus Nostri secundo.

BENEDICTUS PP. VIII

8. Terminada la lectura de la Bula, el neo-prelado se acerca al Legado Pontificio, se arrodilla y recibe, en silencio, el birrete y la Bula.

9. Después de la entrega, el neo-prelado saluda al Legado Pontificio, a los demás presentes y regresa a su lugar.

ORACIÓN DOMINICAL

10. El Legado Pontificio dice, con las manos unidas:

Oremos, hermanos queridísimos, para que la bondad de Dios todopoderoso multiplique su gracia en este su siervo:

El Legado Pontificio abre los brazos y continúa con el pueblo:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal.

11. El Legado Pontificio, con los brazos abiertos, reza la oración:

Dios, cuyo camino universal es siempre la misericordia y la verdad, sostiene los dones de tu obra, y lo que no es posible a la fragilidad humana, concílialo, misericordioso, con tu gracia, para que este tu siervo, edificando constantemente tu Iglesia, brille fecundo en la integridad de la fe e iluminado en la pureza de la mente. Por Cristo, nuestro Señor.

El pueblo responde:

Amén.

RITOS FINALES

12. El Legado Pontificio, extendiendo las manos, dice:

El Señor esté con vosotros.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

El Legado Pontificio dice:

Bendito sea el nombre del Señor.

Todos responden:

Ahora y por siempre.

El Legado Pontificio:

Nuestra ayuda está en el nombre del Señor.

Todos:

Que hizo el cielo y la tierra.

Entonces el Legado Pontificio bendice al pueblo:

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre y Hijo  y Espíritu  Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.

Todos:

Amén.

13. Después, el Legado Pontificio se vuelve hacia la imagen de la Virgen María, mientras se canta una antífona mariana.

14. Finalmente, como al inicio, todos se retiran.