SUBSIDIO LITÚRGICO
JORNADA DE ORACIÓN POR LOS
AFECTADOS POR LOS TERREMOTOS
Es prudente que para esta celebración sean usados ornamentos de color morado, ya sea alba, cíngulo, estola y capa pluvial, o bien hábito coral con estola morada, enfatizando en la súplica penitente del perdón y la paz de los vivos, y el descanso de los fallecidos.
Además, es muy importante evitar hacer uso de las tragedias de un pueblo para llamar la atención. Más que un subsidio para realizarse en la comunidad, es una base para la oración y el recogimiento personal, manteniendo la prudencia y el respeto a las situaciones actuales. Aun así, la oración comunal es un símbolo y signo de unidad y comprensión a los hermanos afectados.
RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Yo soy el salvador de mi pueblo, dice el Señor. Lo escucharé cuando me invoque en su angustia, y seré su Señor para siempre.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en el acto que se va a realizar:
℣.: Hermanos y hermanas, nos reunimos hoy en oración para poner ante el Señor a todas las personas afectadas por los recientes terremotos. Con fe y solidaridad, elevamos nuestras súplicas por quienes han perdido seres queridos, hogares o medios de sustento, y por todos aquellos que trabajan en las labores de rescate y asistencia.
Confiados en la misericordia de Dios, refugio de los que sufren y fortaleza de los afligidos, unamos nuestros corazones en esta oración, pidiendo consuelo para los damnificados, esperanza para quienes padecen la angustia y paz para todos los pueblos afectados.
Iniciemos este momento con el Señor, poniendo en sus manos nuestras intenciones y nuestra fraterna cercanía con quienes atraviesan esta difícil situación.
ORACION
Es recomendable guardar un muy breve momento de silencio al terminar la monición. Después, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Dios nuestro, tú eres el refugio en las fatigas, la fuerza en la debilidad y el consuelo en la tristeza; ten compasión de tu pueblo y purifícalo en la adversidad, para que pueda luego disfrutar del alivio de tu misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
LECTURA EVANGÉLICA
El diácono que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
℣.: Padre, dame tu bendición.
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.: El Señor esté con ustedes.
EVANGELIO
(Lc. 18, 1-8)
Dios hará justicia a sus elegidos que claman a él
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
℟.: Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: Jesús enseñó a sus discípulos con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
«En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres; y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario."
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: "Yo no temo a Dios ni me importan los hombres, pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme."»
Y el Señor dijo: «Oigan lo que dijo este juez injusto. Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar? Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia.
Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria a ti, Señor Jesús.
HOMILÍA
ORACIÓN UNIVERSAL
Pres.: Hermanos y hermanas, confiados en la infinita bondad de Dios, que escucha el clamor de sus hijos y nunca abandona a quienes sufren, elevemos nuestras súplicas por las necesidades de la Iglesia y del mundo. Oremos especialmente por todos aquellos que padecen las consecuencias de los terremotos y demás calamidades, por quienes los asisten con generosidad y por cuantos necesitan experimentar el consuelo y la fortaleza que solo el Señor puede conceder.
1. POR LA PATRIA VENEZOLANA
Después el monitor induce a la primer oración:
℣.: Oremos por la nación venezolana, principal afectada por los terremotos, y por todos sus habitantes, para que el Señor fortalezca su esperanza, los sostenga en las dificultades y les conceda el don de la paz, la justicia y la reconciliación.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Dios nuestro, que con admirable providencia gobiernas todas las cosas, recibe la oración que te dirigimos por Venezuela, para que, por la prudencia de sus gobernantes y la honestidad de los ciudadanos, se afiancen la concordia y la justicia, y podamos gozar de prosperidad y de paz. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
2. POR LA CARIDAD
Después el monitor induce a la segunda oración:
℣.: Oremos para que Dios avive en nosotros el espíritu de caridad, de modo que sepamos reconocer a Cristo en nuestros hermanos y responder con generosidad a las necesidades de quienes sufren.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Señor Dios nuestro, enciende nuestros corazones con tu Espíritu de amor, para que podamos pensar siempre lo que es de tu agrado y amarte sinceramente en nuestros hermanos, especialmente por los afectados. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
3. POR LOS HERIDOS Y ENFERMOS
Después el monitor induce a la tercer oración:
℣.: Oremos por todos los heridos y enfermos, especialmente por quienes padecen a causa de desastres naturales, para que el Señor les conceda alivio en sus dolores, fortaleza en la prueba y pronta recuperación.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Dios nuestro, que quisiste que tu Hijo unigénito llevara sobre sí nuestras debilidades, escucha nuestros ruegos por nuestros hermanos heridos y enfermos y cuantos sufren el dolor o la aflicción; concédeles la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que tu Hijo proclamó bienaventurados y saber que están unidos a su Pasión para la salvación del mundo. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟.: Amén.
4. POR LOS MORIBUNDOS
Después el monitor induce a la cuarta oración:
℣.: Oremos por quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida, para que, acompañados por la gracia de Dios, afronten este tránsito con serenidad y confianza en las promesas del Señor.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Dios todopoderoso y lleno de misericordia, que a través de la muerte abriste al género humano la puerta de la Vida eterna; mira con bondad a tus hijos agonizantes a causa de los desastres naturales, para que asociados a la Pasión de Jesús puedan presentarse ante ti libre de pecado. Por Jesucristo nuestro Señor,
℟.: Amén.
5. POR LOS FALLECIDOS
Después el monitor induce a la quinta oración:
℣.: Oremos por todos aquellos que han partido de este mundo, especialmente por las víctimas de las tragedias y calamidades, para que Dios les conceda el descanso eterno y los reciba en la gloria de su Reino.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Dios nuestro, hiciste entrar en el cielo a tu Hijo único, vencedor de la muerte, concede a tus hijos muertos por causa de los desastres, que, superadas sus condiciones mortales, puedan contemplarte para siempre como su creador y redentor. Por Jesucristo nuestro Señor,
℟.: Amén.
6. POR LOS AFLIGIDOS
Después el monitor induce a la sexta oración:
℣.: Oremos por quienes viven el dolor, la tristeza o la incertidumbre a causa de los desastres naturales, para que encuentren consuelo en el amor de Dios y experimenten la cercanía fraterna de la Iglesia.
Se guarda un breve momento de meditación. Después el celebrante dice la oración correspondiente:
Pres.: Padre todopoderoso y lleno de misericordia, mira con bondad la aflicción de tu pueblo, libra a tus hijos de la carga que los oprime y afianza su fe, para que siempre confíen en tu providencia paternal. Por Jesucristo nuestro Señor.
℟.: Amén.
ORACIÓN DEL SEÑOR
Pres.: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN FINAL
(Oración sobre el pueblo)
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono dice:
℣.: Inclínense para recibir la bendición.
El sacerdote continúa:
Pres.: Bendice, Señor, a tu pueblo, que espera los dones de tu misericordia, y concédele recibir de tu mano generosa lo que tú mismo lo mueves a pedir. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
Y bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Pres.: Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
ANTIFONA MARIANA
(Bajo Tu Amparo)
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.
No desprecies las oraciones que te hacemos en nuestras necesidades. Antes bien, libranos de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y bendita.
Pres.: Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
℟.: Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor, Jesucristo. Amén.
℟.: Para que seamos dignos de alcanzar las divinas gracias y promesas de nuestro Señor, Jesucristo. Amén.
Después el sacerdote se retira a la sacristía.