PERIÓDICO LITÚRGICO
SOLEMNIDAD DEL
CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO
04.06.2026
MÉXICO Y CENTROAMÉRICA
07.06.2026
COLOMBIA
Es recomendable que antes de realizar esta misa, sea leído el Comunicado "Acerca de las celebraciones de la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo" publicado por el Dicasterio para el Culto Divino, y acatar las indicaciones claramente redactadas en él.
RITOS INICIALES
CANTO DE ENTRADA
(Cristo Nos Une - Carmelo Endorzaín)
Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
CRISTO NOS UNE EN TORNO A SU ALTAR
ALTAR DE HERMANDAD Y ESPERANZA
CRISTO NOS UNE NOS DA SU MANJAR
MANJAR CELESTIAL PAN DE PASCUA
SU PALABRA ES CAMINO, ES VERDAD Y DA LA VIDA
SU MANJAR ES SACRAMENTO Y ES MANÁ DE EUCARISTÍA
CON LA LÁMPARA ENCENDIDA ESPERAMOS TU LLEGADA
CON LOS HIMNOS DE LA IGLESIA CELEBRAMOS HOY LA
ALIANZA
CUERPO DE CRISTO, CÁLIZ DE SALVACIÓN
SANTO MISTERIO EUCARÍSTICO
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
ANTÍFONA DE ENTRADA
(Sal 80, 17)
Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Alimentó a su pueblo con lo mejor del trigo y lo sació con miel sacada de la roca.
Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: El Señor, que dirige nuestros corazones para que amemos a Dios, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
Hermanos y hermanas, hoy celebramos la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, memorial del amor infinito de Jesús que permanece entre nosotros bajo las especies del pan y del vino. En la Eucaristía, el Señor nos alimenta con su propia vida, fortalece nuestra fe y nos une como un solo pueblo. Con profundo agradecimiento y alegría, dispongámonos a celebrar esta Santa Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida cristiana.
ACTO PENITENCIAL
Pres.: En el día en que celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte, reconozcamos que estamos necesitados de la misericordia del Padre para morir al pecado y resucitar a la vida nueva.
Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.
Siguen las invocaciones Señor, ten piedad:
Pres.: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
Pres.: Cristo, ten piedad.
℟.: Cristo, ten piedad.
Pres.: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.
GLORIA
(Del Misal Romano)
A continuación se canta o se dice el himno:
℟.: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACION COLECTA
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor nuestro Jesucristo, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu pasión, concédenos venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos continuamente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
(Dt 8, 2-3. 14b-16a)
Te di un alimento que ni tú ni tus padres conocían.
Lector: Del libro del Deuteronomio.
En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto, para afligirte, para ponerte a prueba y conocer si ibas a guardar sus mandamientos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que ni tú ni tus padres conocían, para enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. No sea que te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto y de la esclavitud; que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, lleno de serpientes y alacranes; que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura, y que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres”.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL
(Sal. 147)
℟. Bendito sea el Señor.
Glorifica al Señor, Jerusalén,
a Dios ríndele honores, Israel.
El refuerza el cerrojo de tus puertas
y bendice a tus hijos en tu casa. ℟.
El mantiene la paz en tus fronteras,
con su trigo mejor sacia tu hambre.
El envía a la tierra su mensaje
y su palabra corre velozmente.. ℟.
Le muestra a Jacob sus pensamientos,
sus normas y designios a Israel.
No ha hecho nada igual con ningún pueblo
ni le ha confiado a otro sus proyectos. ℟.
SEGUNDA LECTURA
(1Cor. 10, 16-17)
El pan es uno y los que comemos de ese pan formamos un solo cuerpo.
Lector: De la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios.
Hermanos: El cáliz de la bendición con el que damos gracias, ¿no nos une a Cristo por medio de su sangre? Y el pan que partimos, ¿no nos une a Cristo por medio de su cuerpo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan.
Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
SECUENCIA
(1Cor. 10, 16-17)
Mientras todos permanecen sentados, se canta o se dice la secuencia. Puede omitirse o puede recitarse en forma abreviada, comenzando por la estrofa: “El pan que del cielo baja”:
AL SALVADOR ALABEMOS,
QUE ES NUESTRO PASTOR Y GUÍA.
ALABÉMOSLO CON HIMNOS
Y CANCIONES DE ALEGRÍA.
ALABÉMOSLO SIN LÍMITES
Y CON NUESTRAS FUERZAS TODAS;
PUES TAN GRANDE ES EL SEÑOR,
QUE NUESTRA ALABANZA ES POCA.
GUSTOSOS HOY ACLAMAMOS
A CRISTO, QUE ES NUESTRO PAN,
PUES ÉL ES EL PAN DE VIDA,
QUE NOS DA VIDA INMORTAL.
DOCE ERAN LOS QUE CENABAN
Y LES DIO PAN A LOS DOCE.
DOCE ENTONCES LO COMIERON,
Y, DESPUÉS, TODOS LOS HOMBRES.
SEA PLENA LA ALABANZA
Y LLENA DE ALEGRES CANTOS;
QUE NUESTRA ALMA SE DESBORDE
EN TODO UN CONCIERTO SANTO.
HOY CELEBRAMOS CON GOZO
LA GLORIOSA INSTITUCIÓN
DE ESTE BANQUETE DIVINO,
EL BANQUETE DEL SEÑOR.
ESTA ES LA NUEVA PASCUA,
PASCUA DEL ÚNICO REY,
QUE TERMINA CON LA ALIANZA
TAN PESADA DE LA LEY.
ESTO NUEVO, SIEMPRE NUEVO,
ES LA LUZ DE LA VERDAD,
QUE SUSTITUYE A LO VIEJO
CON RECIENTE CLARIDAD.
EN AQUELLA ÚLTIMA CENA
CRISTO HIZO LA MARAVILLA
DE DEJAR A SUS AMIGOS
EL MEMORIAL DE SU VIDA.
ENSEÑADOS POR LA IGLESIA,
CONSAGRAMOS PAN Y VINO,
QUE A LOS HOMBRES NOS REDIMEN,
Y DAN FUERZA EN EL CAMINO.
ES UN DOGMA DEL CRISTIANO
QUE EL PAN SE CONVIERTE EN CARNE,
Y LO QUE ANTES ERA VINO
QUEDA CONVERTIDO EN SANGRE.
HAY COSAS QUE NO ENTENDEMOS,
PUES NO ALCANZA LA RAZÓN;
MAS SI LAS VEMOS CON FE,
ENTRARÁN AL CORAZÓN.
BAJO SÍMBOLOS DIVERSOS
Y EN DIFERENTES FIGURAS,
SE ESCONDEN CIERTAS VERDADES
MARAVILLOSAS, PROFUNDAS.
SU SANGRE ES NUESTRA BEBIDA;
SU CARNE, NUESTRO ALIMENTO;
PERO EN EL PAN O EN EL VINO
CRISTO ESTÁ TODO COMPLETO.
QUIEN LO COME, NO LO ROMPE,
NO LO PARTE NI DIVIDE;
ÉL ES EL TODO Y LA PARTE;
VIVO ESTÁ EN QUIEN LO RECIBE.
PUEDE SER TAN SÓLO UNO
EL QUE SE ACERCA AL ALTAR,
O PUEDEN SER MULTITUDES:
CRISTO NO SE ACABARÁ.
LO COMEN BUENOS Y MALOS,
CON PROVECHO DIFERENTE;
NO ES LO MISMO TENER VIDA
QUE SER CONDENADO A MUERTE.
A LOS MALOS LES DA MUERTE
Y A LOS BUENOS LES DA VIDA.
¡QUÉ EFECTO TAN DIFERENTE
TIENE LA MISMA COMIDA!
SI LO PARTEN, NO TE APURES;
SÓLO PARTEN LO EXTERIOR;
EN EL MÍNIMO FRAGMENTO
ENTERO LATE EL SEÑOR.
CUANDO PARTEN LO EXTERIOR,
SÓLO PARTEN LO QUE HAS VISTO;
NO ES UNA DISMINUCIÓN
DE LA PERSONA DE CRISTO.
* EL PAN QUE DEL CIELO BAJA
ES COMIDA DE VIAJEROS.
ES UN PAN PARA LOS HIJOS.
¡NO HAY QUE TIRARLO A LOS PERROS!
ISAAC, EL INOCENTE,
ES FIGURA DE ESTE PAN,
CON EL CORDERO DE PASCUA
Y EL MISTERIOSO MANÁ.
TEN COMPASIÓN DE NOSOTROS,
BUEN PASTOR, PAN VERDADERO.
APACIÉNTANOS Y CUÍDANOS
Y CONDÚCENOS AL CIELO.
TODO LO PUEDES Y SABES,
PASTOR DE OVEJAS, DIVINO.
CONCÉDENOS EN EL CIELO
GOZAR LA HERENCIA CONTIGO.
AMÉN.
ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cfr. Ap 1, 8)
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
℣.: YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO, DICE EL SEÑOR. EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE.
℣.: YO SOY EL PAN VIVO QUE HA BAJADO DEL CIELO, DICE EL SEÑOR. EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.
Pres.: El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo ✠ y del Espíritu Santo.
℣.: Amén.
Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
EVANGELIO
(Jn. 6, 51-58)
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.
℣.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
✠ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
℟.: Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.: En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.
Entonces los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre”.
℣.: Palabra del Señor.
℟.: Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
HOMILÍA
CREDO
(Símbolo Niceno-constantinopolitano)
Acabada la homilía, se hace la profesión de fe
℟.: Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
En las palabras que siguen, hasta "se hizo hombre", todos se inclinan.
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pílato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reíno no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.
PLEGARIA UNIVERSAL
Después el mismo sacerdote o un lector hace la plegaria universal:
℟.: Te rogamos, óyenos.
1. Para que los obispos y presbíteros, cuando presidan la celebración eucarística, vivan tan plenamente identificados con el Señor, que el pueblo vea en ellos la imagen viva de Cristo, roguemos al Señor.
2. Para que pronto llegue el día en que todos los cristianos celebremos la Eucaristía en la unidad de una sola Iglesia y todos los hombres ofrezcan el único sacrificio que nos salva, roguemos al Señor.
3. Para que los fieles que se encuentran a las puertas de la muerte dejen este mundo llenos de paz y –fortalecidos con el Cuerpo de Cristo– lleguen al Reino de la felicidad y de la vida, roguemos al Señor.
4. Para que el Señor aumente nuestra fe y acreciente nuestro amor, a fin de que adoremos en espíritu y en verdad a Cristo realmente presente en el sacramento de la Eucaristía, roguemos al Señor.
Pres.: Dios nuestro, siempre fiel a tus promesas, haz que –fortalecidos con el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo– avancemos por la senda del bien, hasta llegar a la asamblea de los santos en el banquete eterno de tus elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
LITURGIA EUCARÍSTICA
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Te Ofrecemos Señor - Francisco Palazón)
Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.
TE OFRECEMOS SEÑOR ESTE PAN Y ESTE VINO
QUE EN TU CUERPO Y TU SANGRE
QUEDARÁN CONVERTIDOS
CON EL VINO Y EL PAN
TE OFRECEMOS EL FRUTO DE NUESTRO TRABAJO
LA ILUSIÓN DE VIVIR EL PLACER Y EL DOLOR
LA ALEGRÍA Y EL LLANTO
JUNTAMENTE SEÑOR
TE OFRECEMOS LA VIDA QUE TÚ NOS HAS DADO
LA ESPERANZA LA FE Y EL AMOR
QUE NOS HACE SENTIRNOS HERMANOS
Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres.
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar:
℟. Bendito seas por siempre, Señor.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
Pres.: En el momento de ofrecer el sacrificio de toda la Iglesia, oremos a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Señor, concede, bondadoso, a tu Iglesia, los dones de la unidad y de la paz, significados místicamente en las ofrendas que te presentamos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
PREFACIO I DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
El Sacrificio Y El Sacramento De Cristo
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.
El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.
El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien como verdadero y eterno Sacerdote, al instituir el sacrificio de la eterna alianza, se ofreció a ti como primera víctima de salvación, y nos mandó perpetuar esta ofrenda en conmemoración suya. Su carne, inmolada por nosotros, es alimento que nos fortalece; su sangre, derramada por nosotros, es bebida que nos purifica.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo
℟.: Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo
PLEGARIA EUCARÍSTICA I
O CANON ROMANO
El sacerdote dice:
Pres.: PADRE misericordioso, te pedimos humildemente, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes
Traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz conjuntamente, diciendo:
y bendigas ✠ estos dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos,
Con las manos extendidas, prosigue:
ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le concedas la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa Benedicto, nuestro obispo N., y todos los demás Obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.
1C: Acuérdate, Señor, de tus hijos [N. y N.]
Junta las manos y ora unos momentos por quienes tiene la intención de orar.
Después, con las manos extendida, prosigue:
y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a tí, eterno Dios, vivo y verdadero.
2C: Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, san José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés, [Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con las manos extendidas, prosigue:
Pres.: Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos.
Extendiendo las mano sobre las ofrendas, dice:
Pres.: Bendice y santifica esta ofrenda, Padre, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti: que se convierta para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.
En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la naturaleza de las mismas palabras.
El cual, la víspera de su Pasión,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó pan en sus santas y venerables manos,
Eleva los ojos.
y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:
Pres.: Del mismo modo, acabada la cena,
Toma el cáliz y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar, prosigue:
tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión.
Luego dice:
Éste es el Sacramento de nuestra fe.
℟.: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:
Pres.: Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloría y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.
Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquísedec.
Inclinado, con las manos juntas, prosigue:
Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu Angel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, al participar aquí de este altar,
Se endereza y se signa, diciendo:
seamos colmados de gracia y bendición.
junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con las manos extendidas, dice:
3C: Acuérdate también, Señor, de tus hijos [N. y N.], que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz.
Junta las manos y ora unos momentos por los difuntos por quienes tiene intención de orar.
Después, con las manos extendidas, prosigue:
A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz.
Junta las manos.
[Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]
Con la mano derecha se golpea el pecho, diciendo:
4C: Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos,
Con las manos extendidas, prosigue:
que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia,] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía, no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.
Junta las manos.
Por Cristo, Señor nuestro.
Y continúa:
Pres.: Por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Fieles a la recomendación del Salvador y siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir:
℟.: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal
El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
℟.: Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.: Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.
Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade:
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
Se canta o se dice:
℟.: Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.: El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.
℣.: El Cuerpo de Cristo.
℟.: Amén.
CANTO DE COMUNIÓN
(Cuerpo Y Sangre De Cristo - Moisés Sáenz)
JESUCRISTO PRESENCIA REAL
EN EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA
DIOS NUESTRO QUE POR AMOR TE DAS
EN ESTE CONVITE CELESTIAL MISTERIO DE AMOR
CANTA IGLESIA EL MISTERIO
DEL CUERPO GLORIOSO DE CRISTO
Y DE LA PRECIOSA SANGRE QUE NOS REDIMIÓ
ESTO ES MI CUERPO Y MI SANGRE
HAGAN ESTO EN MI MEMORIA
YO CON USTEDES ESTOY
POR SIEMPRE HASTA EL FINAL
REALMENTE ESTÁ PRESENTE
SUSTANCIALMENTE CON SU CUERPO
SANGRE Y DIVINIDAD Y CON SU ALMA
NUESTROS SENTIDOS NOS DICEN
QUE HAY SOLO PAN SOLO VINO
PERO POR LA FE CREEMOS
QUE AHÍ ESTÁ EL SEÑOR.
ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Jn 6, 56)
Si no hay canto de comunión, se recita la antífona:
℣.: El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
℣.: El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él, dice el Señor.
Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio.
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
Que la recepción de este sacramento y nuestra profesión de fe en la Trinidad santa y eterna, y en su Unidad indivisible, nos aprovechen, Señor, Dios nuestro, para la salvación de cuerpo y alma. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
PROCESIÓN
Conviene que la procesión tenga lugar después de la misa en la que se consagra la hostia que se ha de llevar en ella, además de que es recomendable que sea presidida por el ordinario del lugar en una celebración de mayor magnitud.
Es necesario remarcar una iglesia de destino, donde se tenga el altar preparado con flores, velas y reclinatorio para concluir esta celebración.
Si la procesión se tiene inmediatamente después de la misa, concluida la oración después de la comunión, se coloca sobre el altar la custodia en la cual se expone la hostia consagrada. El celebrante se reviste de capa pluvial, y, acercándose al altar, ofrece incienso de rodillas. Mientras tanto, puede entonarse un himno eucarístico.
Posterior a que la procesión ha sido organizada, el celebrante se coloca el velo humeral y carga o recibe del diácono la custodia. Entonces, la procesión inicia. Mientras caminan, es recomendable que se entonen himnos eucarísticos.
Llegados a la iglesia marcada como destino, la custodia es colocada en el altar por el celebrante, quien se retira el velo humeral, y es incensada por él mismo.
ORACIÓN
Después el sacerdote, de frente a la custodia con las manos extendidas, dice la oración:
Oremos.
Concede oh Dios Padre a tus fieles, elevar un canto de alabanza al Cordero inmolado por nosotros y escondido en este santo misterio, y haz que un día podamos contemplarlo en el esplendor de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.
Después de la oración y omitida la bendición con el Santísimo, el Sacramento es resguardado en el tabernáculo. El celebrante (si es obispo) recibe el solideo, la mitra y el báculo. Después, la celebración concluye como de costumbre con la Bendición y Despedida.
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
(Del Tiempo Ordinario I)
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
Pres.: Que el Señor los bendiga y los guarde.
℟.: Amén.
Pres.: Que haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les muestre su misericordia.
℟.: Amén.
Pres.: Que vuelva su mirada hacia ustedes y les conceda su paz.
℟.: Amén.
El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
Pres.: La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.: Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.
ANTIFONA MARIANA
(Bajo Tu Amparo)
BAJO TU AMPARO NOS ACOGEMOS, SANTA MADRE DE DIOS;
NO DESPRECIES LAS SÚPLICAS QUE TE DIRIGIMOS EN NUESTRAS NECESIDADES, ANTES BIEN, LÍBRANOS SIEMPRE DE TODO PELIGRO,
¡OH VIRGEN GLORIOSA Y BENDITA!