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Corações reconciliados, humanidade renovada! #CF2026

Subsidio Liturgico l Celebración De La Santa Misa Crismal


SUBSIDIO LITÚRGICO
PARA LA
SANTA MISA CRISMAL
SACRAMENTO DE UNIDAD DIOCESANA

                                                                       

Siguiendo el mandato pontificio, esta misa se ha de celebrar después del II Domingo de Pascua y hasta antes de el Domingo de Pentecostés. 

La misa crismal ha de ser como una manifestación de la comunión de los presbíteros con su obispo; conviene, pues, que todos los presbíteros, en cuanto sea posible, participen en ella y comulguen bajo las dos especies. 

El obispo puede preparar el crisma privadamente antes de la celebración o bien dentro de la misma acción litúrgica.  La consagración del crisma es de competencia exclusiva del obispo ordinario. 

Para la bendición de los óleos, además de lo necesario para celebración de la misa estacional, prepárese lo siguiente: En la sacristía o en otro lugar apto: 
     — las vasijas de los óleos; 
    — aromas para la confección del crisma, si el obispo quiere hacer la mezcla en la misma acción litúrgica; 
   — pan, vino y agua para la misa, que son llevados juntamente con los óleos antes de la preparación de los dones. 

En el presbiterio: 
     — una mesa para colocar las ánforas de los óleos, dispuesta de tal manera que los fieles puedan ver y participar bien en toda la acción litúrgica; 

                                                                       

RITOS INICIALES

Una vez reunido el pueblo, el obispo se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.

ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cf. Flp 2, 10. 8. 11)

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:
Jesucristo nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, incensarlo. Luego todos van a las sillas.

Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el obispo dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El obispo saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La paz esté ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

El obispo, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día.
Hermanos y hermanas, hoy nos reunimos como Iglesia (arqui)diocesana para celebrar la Misa Crismal, en la que el (Arzo)Obispo, junto a su presbiterio, consagra el Santo Crisma y bendice los óleos que serán signo de la gracia de Dios en los sacramentos. En esta celebración, los sacerdotes renuevan sus promesas, recordando su entrega al servicio del Pueblo de Dios. Dispongámonos a participar con fe y alegría en esta Eucaristía, signo de unidad y comunión en nuestra Iglesia.

ACTO PENITENCIAL
 
Pres.: Hermanos: para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.

Se hace una breve pausa en silencio. Después, todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. 
Y, golpeándose el pecho, dicen: 
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa. 
Luego, prosiguen: 
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
 
Sigue la absolución del obispo:
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟.: Amén.

Pres.: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.

Pres.: Cristo, ten piedad.
℟.Cristo, ten piedad.

Pres.: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.

GLORIA
 (Del Misal Romano)

℟.Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único, Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo, atiende nuestra súplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros. Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo, Jesucristo, con el espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.

ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el obispo, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el obispo, oran en silencio durante unos momentos. Después el obispo, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Oh, Dios, que por la unción del Espíritu Santo constituiste a tu Hijo Mesías y Señor, concede, propicio, a quienes hiciste partícipes de su consagración, ser testigos de la redención en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9)

 El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los 
pobres, y darles un perfume de fiesta.

Lector: Del libro del profeta Isaías.
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza de nuestro Dios, para consolar a los afligidos, para dar a los afligidos de Sión una diadema en lugar de cenizas, perfume de fiesta en lugar de duelo, un vestido de alabanza en lugar de un espíritu abatido.

Ustedes se llamarán: «Sacerdotes del Señor», dirán de ustedes: «Ministros de nuestro Dios». Les daré su salario fielmente y haré con ellos un pacto perpetuo. Su estirpe será célebre entre las naciones, y sus vástagos entre los pueblos. Los que los vean reconocerán que son la estirpe que bendijo el Señor.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 88)
 
℟. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.  ℟. 

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». ℟. 

SEGUNDA LECTURA
(Ap. 1, 5-8)
 
Nos ha hecho un reino y sacerdotes para Dios Padre.

Lector: Del libro del Apocalipsis.
Gracia y paz a ustedes de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y nos ha librado de nuestros pecados con su sangre, y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre. A él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

Miren: viene entre las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo traspasaron. Por él se lamentarán todos los pueblos de la tierra. Sí, amén. Dice el Señor Dios: «Yo soy el Alfa y la Omega, el que es, el que era y ha de venir, el todopoderoso».

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Cf. Sal 94, 8ab. 7d)
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
℣.EL ESPIRITU DEL SEÑOR ESTÁ SOBRE MÍ, ME HA ENVIADO A EVANGELIZAR A LOS POBRES.
 
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA.
 
Mientras tanto, el obispo, coloca incienso en el incensario. El que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el obispo, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El obispo dice en voz baja:
Pres.:
 El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El que proclamará hace la señal de la cruz y responde:
℣.:
 Amén.

EVANGELIO
(Lc 4, 16-21)
 
 
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido.

Después el lector va al ambón, y dice:
℣.:
 El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Después dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
 Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaban de oír».

℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.

Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA

Una vez proclamado el Evangelio, el obispo pronuncia la homilía, en la cual, a partir del texto de las lecturas de la liturgia de la Palabra, instruye al pueblo sobre la unción sacerdotal, exhorta a los presbíteros a conservar la fidelidad a su ministerio y les invita a renovar públicamente sus promesas sacerdotales.

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS SACERDOTALES

Acabada la homilía, el obispo dialoga con los presbíteros con estas o semejantes palabras: 
Hijos amadísimos: En esta conmemoración anual del día en que Cristo confirió su sacerdocio a los apóstoles y a nosotros, ¿quieren renovar las promesas que hicieron un día ante su obispo y ante el pueblo santo de Dios?

Los presbíteros, conjuntamente, responden a la vez: 
℟.:  Sí, quiero.

El obispo continua:
¿Quieren unirse más fuertemente a Cristo y configurarse con él, renunciando a ustedes mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptaron gozosos el día de su ordenación para el servicio de la Iglesia? 

Los presbíteros: 
℟.:  Sí, quiero.

El obispo continua:
¿Desean permanecer como fieles dispensadores de los misterios de Dios en la celebración eucarística y en las demás acciones litúrgicas, y desempeñar fielmente el ministerio de la predicación como seguidores de Cristo, cabeza y pastor, sin pretender los bienes temporales, sino movidos únicamente por el celo de las almas? 

Los presbíteros: 
℟.:  Sí, quiero.

El obispo ahora se dirige al pueblo:
Y ahora ustedes, hijos muy queridos, oren por sus presbíteros, para que el Señor derrame abundantemente sobre ellos sus bendiciones; que sean ministros fieles de Cristo Sumo Sacerdote, y los conduzcan a él, única fuente de salvación. 

Todos responden:
℟.: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. 

El obispo dice:
Y recen también por mí, para que sea fiel al ministerio apostólico confiado a mi humilde persona y sea imagen, cada vez más viva y perfecta, de Cristo sacerdote, buen pastor, maestro y siervo de todos. 

Todos responden:
℟.: Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. 

El obispo concluye con la plegaria:
El Señor nos guarde en su caridad y nos conduzca a todos, pastores y grey, a la vida eterna.

Todos responden:
℟.: Amén.

No se dice "Credo"

RITO DE LA BENDICIÓN DE LOS ÓLEOS 
Y CONSAGRACIÓN DEL SANTO CRISMA

PROCESIÓN DE LAS OFRENDAS

Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los ministros designados llevan los óleos, dirigidos primeramente por el óleo de los catecúmenos, después el óleo de los enfermos, el santo crisma por penúltimo y finalmente el pan y el vino. Si así es la tradición, pueden ir revestidos de estola y dalmática del color correspondiente al óleo (si son diaconos), o solamente de un paño de hombros.

Al avanzar la procesión por la iglesia, el coro canta el himno "O Redemptor" u otro canto apropiado, respondiendo toda la asamblea, en lugar del canto del ofertorio.

HIMNO
(O Redémptor)
O REDÉMPTOR, SUME CARMEN
TEMET CONCINÉNTIUM.

ARBOR FETA ALMA LUCE
HOC SACRÁNDUM PRÓTULIT,
FERT HOC PRONA PRAESENS TURBA
SALVATÓRI SAÉCULI. 

CONSECRÁRE TU DIGNÁRE,
REX PERÉNNIS PATRIAE,
HOC OLÍVUM SÍGNUM VIVUM
IURA CONTRA DAÉMONUM.

UT NOVÉTUR SEXUS OMNIS
UNCTIONE CHRÍSMATIS;
UT SANÉTUR SAUCIÁTA
DIGNITATIS GLÓRIA. 

LOTA MENTE SACRO FONTE
AUFUGÁNTUR CRÍMINA,
UNCTA FRONTE SACROSÁNCTA
INFLUUNT CHARÍSMATA.

CORDE NATUS EX PARÉNTIS,
ALVUM IMPLENS VÍRGINIS,
PRAESTA LUCEM, CLAUDE MORTEM
CHRÍSMATIS CONSÓRTIBUS.

SIT HAEC DIES FESTA NOBIS
SAECULÓRUM SAÉCULIS,
SIT SACRÁTA DIGNA LAUDE
NEC SENÉSCAT TÉMPORE.

BENDICIÓN DEL
ÓLEO DE LOS ENFERMOS
(Morado)

Cuando llegan al altar o a la sede, el obispo recibe los dones. El que lleva la vasija para el santo crisma, se la presenta al pueblo, diciendo en voz alta: 
℣.:  Óleo de los enfermos.
Todos responden:
℟.: Demos gracias a Dios.

El obispo la recibe y se la entrega a uno de los diáconos que le ayudan, el cual la coloca sobre la mesa que se ha preparado. El obispo bendice el óleo de los enfermos, diciendo ésta oración:  
Señor Dios, Padre de todo consuelo, que, has querido sanar las dolencias de los enfermos por medio de tu Hijo, escucha con amor la oración de nuestra fe y derrama desde el cielo tu Espíritu Santo Paráclito sobre este óleo. 
Tú que has hecho que el leño verde del olivo produzca aceite abundante para vigor de nuestro cuerpo, enriquece con tu bendición este óleo para que cuantos sean ungidos con él sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores. Que por tu acción, Señor, este aceite sea para nosotros óleo santo, en nombre de Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Todos responden:
℟.: Amén.

BENDICIÓN DEL
ÓLEO DE LOS CATECÚMENOS
(Verde)

Prodigue el rito con el óleo para los catecúmenos. Al igual que el primero, dice en voz alta:
℣.:  Óleo de los catecúmenos.
Todos responden:
℟.: Demos gracias a Dios.

El obispo hace lo mismo que en el primer óleo. Después bendice el óleo de los catecúmenos, diciendo ésta oración:  
Señor Dios, fuerza y defensa de tu pueblo, que has hecho del aceite un símbolo de vigor, dígnate bendecir ✠ este óleo y concede tu fortaleza a los catecúmenos que han de ser ungidos con él, para que, al aumentar en ellos el conocimiento de la realidades divinas y la valentía en el combate de la fe, vivan más hondamente el evangelio de Cristo, emprendan animosos la tarea cristiana, y, admitidos entre tus hijos de adopción, gocen de la alegría de sentirse renacidos y de formar parte de la Iglesia. Por Jesucristo, nuestro Señor. óleo santo, en nombre de Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.
Todos responden:
℟.: Amén.

CONSAGRACIÓN DEL SANTO CRISMA
(Blanco)

Seguidamente, el obispo derrama los aromas sobre el óleo y hace el crisma en silencio, a no ser que ya estuviese preparado de antemano. 

Una vez hecho esto, dice la siguiente invitación a orar: 
Hermanos: Pidamos a Dios Padre todopoderoso que se digne bendecir y santificar este ungüento, para que aquellos cuyos cuerpos van a ser ungidos con él, sientan interiormente la unción de la bondad divina y sean dignos de los frutos de la redención. 

Entonces el obispo, oportunamente, sopla sobre la boca de la vasija del crisma. Concluido esto, con las manos extendidas dice una de las siguientes oraciones de consagración:
Señor Dios, autor de todo crecimiento y de todo progreso espiritual: recibe complacido la acción de gracias que, gozosamente, por nuestro medio, te dirige la Iglesia. 

Al principio del mundo, tu mandaste que de la tierra brotasen árboles que dieran fruto, y entre ellos, el olivo que ahora nos suministra el aceite con el que hemos preparado el santo crisma. 

Ya David, en los tiempos antiguos, previendo con espíritu profético los sacramentos que tu amor instituiría en favor de los hombres, nos invitaba a ungir nuestros rostros con óleo en señal de alegría. 

También, cuando en los días del diluvio las aguas purificaron de pecado la tierra, una paloma, signo de la gracia futura, anunció con un ramo de olivo la restauración de la paz entre los hombres.

Y en los últimos tiempos, el símbolo de la unción alcanzó su plenitud: después que el agua bautismal lava los pecados, el óleo santo consagra nuestros cuerpos y da paz y alegría a nuestros rostros. Por eso, Señor, tú mandaste a tu siervo Moisés que, tras purificar en el agua a su hermano Aarón, lo consagrase sacerdote con la unción de este óleo.

Todavía alcanzó la unción mayor grandeza cuando tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, después de ser bautizado por Juan en el Jordán, recibió el Espíritu Santo en forma de paloma y se oyó tu voz declarando que él era tu Hijo, el Amado, en quien te complacías plenamente. 

De este modo se hizo manifiesto que David ya hablaba de Cristo cuando dijo: «El Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros». 

Todos los concelebrantes, en silencio, extienden la mano derecha hacia el crisma, y la mantienen así hasta el final de la oración. 

A la vista de tantas maravillas te pedimos, Señor, que te dignes que santificar con tu bendición este óleo, y que, con la cooperación de Cristo, tu Hijo, de cuyo nombre le viene a este óleo el nombre de crisma, le infundas en él la fuerza del Espíritu Santo con la que ungiste a los sacerdotes, reyes, profetas y mártires, y hagas que este crisma sea un sacramento de la plenitud de la vida cristiana para todos los que van a ser renovados por el baño espiritual del bautismo; haz que los consagrados por esta unción, libres del pecado en que nacieron, y convertidos en templo de tu divina presencia, exhalen el perfume de una vida santa; que fieles al sentido de la unción, vivan su condición de reyes, sacerdotes y profetas, y que este óleo sea para cuantos renazcan del agua y del Espíritu Santo, crisma de salvación, les haga partícipes de la vida eterna y herederos de la gloria celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos responden:
℟.: Amén.

O bien:
Señor Dios, fuente de la vida y autor de los sacramentos: te damos gracias porque en tu bondad inefable anunciaste en la Antigua Alianza el misterio de la santificación por la unción con el óleo, y lo llevaste a plenitud, al llegar los últimos tiempos, en Cristo, tu Hijo amado; pues cuando Cristo, nuestro Señor, salvó al mundo por el Misterio pascual, quiso derramar sobre la Iglesia la abundancia del Espíritu Santo y la enriqueció con sus dones celestiales, para que en el mundo se realizase plenamente, por medio de la Iglesia, la obra de la salvación.

Por eso, Señor, en el sacramento del crisma concedes a los hombres el tesoro de tus gracias y haces que tus hijos renacidos por el agua bautismal reciban fortaleza en la unción del Espíritu Santo y, hechos a imagen de Cristo, tu Hijo, participen de su misión profética, sacerdotal y real.

Todos los concelebrantes, en silencio, extienden la mano derecha hacia el crisma, y la mantienen así hasta el final de la oración. 

Por tanto, te pedimos, Señor, que mediante el poder de tu gracia hagas que esta mezcla de aceite y perfume sea para nosotros instrumento y signo de tus bendiciones; derrama sobre nuestros hermanos, cuando sean ungidos con este crisma, la abundancia de los dones del Espíritu Santo, y que los lugares y objetos consagrados por este óleo sean para tu pueblo motivo de santificación. Pero ante todo, Señor, te suplicamos que por medio del sacramento del crisma hagas crecer a tu Iglesia en el número y santidad de sus hijos, hasta que, según la medida de Cristo, alcance aquella plenitud en la que tú, en el esplendor de tu gloria, junto con tu Hijo y en la unidad del Espíritu Santo, lo serás todo en todos por los siglos de los siglos.

Todos responden:
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
 
Terminado lo anterior, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal. Puede entonarse alguna melodia o canto apropiado.

Conviene que los fieles expresen su participación en la ofrenda, bien sea llevando el pan y el vino para la celebración de la Eucaristía, bien presentando otros dones para las necesidades de la Iglesia o de los pobres. 
 
El obispo, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el obispo recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el obispo, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al obispo, después a los concelebrantes y por ultimo al pueblo.

Luego, el obispo, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El obispo, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el obispodice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: 
Te pedimos, Señor, que la eficacia de este sacrificio nos purifique de la vieja condición de pecado y acreciente en nosotros la vida nueva y la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO
El Sacerdocio de Cristo y el Ministerio de los Sacerdotes
 
El obispo se retira el solideo y comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: 
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El obispo prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El obispo añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El obispo prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que constituiste a tu Unigénito pontífice de la alianza nueva y eterna por la unción del Espíritu Santo, y determinaste, en tu designio salvífico, perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

Él no solo confiere el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano, elige a hombres de este pueblo, para que, por la imposición de las manos, participen de su sagrada misión.

Ellos renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, preparan a tus hijos el banquete pascual, preceden a tu pueblo santo en el amor, lo alimentan con tu palabra y lo fortalecen con los sacramentos.

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti y por la salvación de los hermanos, van configurándose a Cristo, y han de darte testimonio constante de fidelidad y amor.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría, te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:

En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
 Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo

PLEGARIA EUCARÍSTICA III
 
El obispo dice:
Pres.:
 SANTO eres en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.
 
Pres.: Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo Espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que se conviertan en Cuerpo  y Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó celebrar estos misterios.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Porque el mismo, la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El obispo prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz,
Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTE ES EL CALIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDON DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El obispoprosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.

Después, el obispo, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección, y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos, en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.
 
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la Víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.
 
1C: Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con Maria, la Virgen, Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener siempre tu ayuda.
 
2C: Te pedimos, Padre, que esta Víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra: a tu servidor, el Papa Benedicto, a nuestro Obispo N., al orden episcopal, a los presbíteros y diáconos, y a todo el pueblo redimido por ti.
 
Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo.

A nuestros hermanos difuntos, y a cuantos murieron en tu amistad, recíbelos en tu Reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.:
 Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.

RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el obispo, con las manos juntas, dice:
Pres.: 
Llenos de alegría por ser hijos de Dios, digamos confiadamente la oración que Cristo nos enseñó:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
 Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El obispo prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
 Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el obispo dice en voz alta:
Pres.:
 Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El obispo junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El obispo añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono o alguien más añade: 
℣.: Dense fraternalmente la paz.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el obispo parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.:  Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El obispo hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: 
Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.

Después de comulgar, el obispo se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
 El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Sal 88, 2)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.:
 
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

Después, el obispo puede ir a su cátedra. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio.
 
Y todos, junto con el obispo, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el obispo, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: 
Oremos.
El obispo, con los brazos abiertos, dice la oración:
Concédenos, Dios todopoderoso, que quienes han participado en tus sacramentos, sean en el mundo buen olor de Cristo. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN SOLEMNE
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El 
obispo recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Bendito sea el nombre del Señor.
℟.: Ahora y por siempre.

Pres.: Nuestro auxilio es el nombre del Señor.
℟.: Que hizo el cielo y la tierra.

El obispo bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
 Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre 
 , Hijo  y Espíritu Santo  , descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
 Pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

El obispo pone y bendice el incienso en el incensario, y se organiza la procesión hacia la sacristía. 
Los óleos bendecidos son llevados por sus ministros inmediatamente después de la cruz. El coro o el pueblo cantan algunos versos del himno O Redemptor u otro canto apropiado.