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SÍNODO PARA A COMUNHÃO DOS POVOS: P/ QUE TODOS SEJAM UM!

Periódico Litúrgico I I Domingo de Cuaresma


PERIÓDICO LITÚRGICO SEMANAL
I DOMINGO DE CUARESMA
22.02.2026

RITOS INICIALES

                                                       

ESTACIÓN CUARESMAL

Si las circunstancias lo permiten, a una hora oportuna, los fieles se reúnen en una iglesia menor u otro lugar apto, a donde llega el celebrante revestido con capa pluvial.

La procesión sale de la sacristía de la iglesia menor, rumbo al presbiterio, donde se entona un canto apropiado.

Terminado el canto de entrada, el celebrante y los fieles, de pie, se santiguan con la señal de la cruz, mientras el sacerdote, vuelto hacia el pueblo, dice: 
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
℟. Amén.

Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟. Y con tu espíritu.

El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, hoy comenzamos la Cuaresma, un tiempo que la Iglesia ofrece para convertirnos, orar más, practicar la caridad y aprender a vivir el Evangelio con mayor fidelidad. Al recibir la ceniza recordamos que somos frágiles y que necesitamos cambiar el corazón para volver a Dios. Participemos con fe en esta celebración.

ORACIÓN

A continuación, el celebrante invita a la oración, diciendo:
Pres.: Oremos.
Ten misericordia de tu pueblo, Señor, perdona sus pecados y haz que tu indulgencia aleje de nosotros lo que merecen nuestras ofensas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟. Amén.

Tras eso, se ordena una procesión hacia la iglesia en donde se va a celebrar la Misa. Durante ésta se cantan la letanía de los santos o cantos penitenciales y de recogimiento.

Cuando la procesión llega a la iglesia en donde va a celebrarse la Misa, el celebrante besa el altar y, si se emplea incienso, inciensa el altar. Antes de venerar el altar, si el sacerdote revestía pluvial en la procesión, la deja y viste la casulla.

Luego, omitidos los ritos iniciales el celebrante reza la oración colecta del formulario de la Misa del día. Luego, la celebración continua como de costumbre.

                                                       

Si no se realiza la Estación, la Misa es como de costumbre.

Una vez reunido el pueblo, el sacerdote se dirige al altar con los ministros, durante el canto de entrada.
CANTO DE ENTRADA
(Nos Has Llamado Al Desierto - Antonio Alcalde)

NOS HAS LLAMADO AL DESIERTO, SEÑOR DE LA LIBERTAD,
Y ESTÁ EL CORAZÓN ABIERTO A LA LUZ DE TU VERDAD.
SUBIMOS CON ESPERANZA LA ESCALADA CUARESMAL,
EL PUEBLO DE DIOS AVANZA HASTA LA CUMBRE PASCUAL.

TU PUEBLO, SEÑOR, CAMINA DESDE LA AURORA AL OCASO:
A TU PASCUA SE ENCAMINA Y TE SIGUE PASO A PASO.

SEÑOR, TE RECONOCEMOS Y TU PALABRA ESCUCHAMOS,
TUS CAMINOS SEGUIREMOS Y TU LEY DE AMOR CANTAMOS.

SE ACERCA, SEÑOR, TU DÍA, EN EL QUE TODO FLORECE:
CON SU LUZ Y SU ALEGRÍA YA EL CAMINO RESPLANDECE.

Si no hay canto de entrada, se recita la antífona:

ANTÍFONA DE ENTRADA
(Cf. Sal 90, 15-16)

Me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida.

Llegado al altar y habiendo hecho la debida reverencia, besarlo en señal de veneración y, si procede, inciensarlo. Luego todos van a las sillas.
 
Ante la asamblea reunida, al terminar el canto de entrada, el sacerdote dice:
Pres.: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟.: Amén
 
El sacerdote saluda al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Pres.: La gracia y el amor de Jesucristo, que nos llama a la conversión, esté con todos ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.
 
El sacerdote, diácono u otro ministro debidamente preparado podrá, en breves palabras, introducir a los fieles en la misa del día. Puede valerse de estas u otras palabras:
Hermanos y hermanas, en este Primer Domingo de Cuaresma la Iglesia nos invita a acompañar a Jesús en el desierto, donde vence la tentación confiando plenamente en el Padre. Este tiempo nos llama a fortalecer la fe, a renovar la oración y a vivir la conversión del corazón. Dispongámonos a celebrar esta Eucaristía dejando que la Palabra de Dios nos guíe en el camino hacia la Pascua.

ACTO PENITENCIAL
(Del Tiempo de Cuaresma I)

A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo: 
Pres.: Reconociendo con humildad que somos pecadores, pidamos perdón a Dios de todo corazón. 
 
Se hace una breve pausa en silencio. Después el sacerdote o el diácono, u otro ministro dice: 
Pres.: Tú que fuiste tentado por el espíritu del mal: Señor, ten piedad.
℟.: Señor, ten piedad.  

Continúa diciendo:
Pres.: Tú, Palabra del Padre, que venciste la tentación: Cristo, ten piedad. 
℟.: Cristo, ten piedad. 

Y concluye con:
Pres.: Tú que nos llamas a compartir tu victoria: Señor, ten piedad. 
℟.: Señor, ten piedad.  

Sigue la absolución del sacerdote: 
Pres.: Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. 
℟.: Amén.

No se dice "Gloria"
 
ORACION COLECTA
 
Acabado el himno, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.: Oremos.
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos. Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración colecta:
Señor, tú eres misericordioso con todos y no aborreces nada de lo que has hecho; cierra los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan y los perdones, porque tú eres el Señor, nuestro Dios. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.
 
LITURGIA DE LA PALABRA
 
PRIMERA LECTURA
(Gn. 2, 7-9; 3, 1-7)

 La creación y el pecado de los primeros padres

Lector: Del libro del Génesis:
El Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: «¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?»

La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: "No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte."»

La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal.»

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.
 
SALMO RESPONSORIAL
(Sal 50)

℟. Misericordia, Señor, hemos pecado

Por tu inmensa compasión y misericordia, 
Señor, apiádate de mí y olvida mis ofensas. 
Lávame bien de todos mis delitos 
y purifícame de mis pecados. ℟.

Puesto que reconozco mis culpas,
tengo siempre presentes mis pecados. 
Contra ti solo pequé, Señor, 
haciendo lo que a tus ojos era malo. ℟.

Crea en mí, Señor, un corazón puro, 
un espíritu nuevo para cumplir tus mandamientos. 
No me arrojes, Señor lejos de ti, 
ni retires de mí tu santo espíritu℟.

Devuélveme tu salvación, que regocija, 
mantén en mí un alma generosa. 
Señor, abre mis labios 
y cantará mi boca tu alabanza. ℟.

SEGUNDA LECTURA
(Rm. 5, 12-19)
 
Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a los romanos:
Hermanos:

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una transgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.

Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas.

En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.

Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.

o bien, más breve:
(Rm. 5, 12. 17-19)
Lector: De la segunda carta del apóstol San Pablo a los romanos:
Hermanos:

Hermanos:
Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.


Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.

Lector: Palabra de Dios.
℟.: Te alabamos, Señor.


ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO
(Mt 4, 4b)
 
¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
℣.El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¡HONOR Y GLORIA A TI, SEÑOR JESÚS!
 
Mientras tanto, el sacerdote, cuando se utiliza incienso, lo coloca en el incensario. El diácono, que proclamará el Evangelio, inclinándose profundamente ante el sacerdote, pide en voz baja la bendición:
℣.: Padre, dame tu bendición.

El sacerdote dice en voz baja:
Pres.:
 El Señor esté en tu corazón y en tus labios, para que anuncies dignamente su Evangelio; en el nombre del Padre, y del Hijo  y del Espíritu Santo.

El diácono hace la señal de la cruz y responde:
℣.:
 Amén.

Pero si no está presente el diácono, el sacerdote, inclinado ante el altar, dice en secreto:
Purifica mi corazón y mis labios, Dios todopoderoso, para que pueda anunciar dignamente tu santo Evangelio.
 
EVANGELIO
(Mt. 6, 1-6. 16-18)
  
 Jesús ayuna durante cuarenta días y es tentado

Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
℣.:
 
El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El diácono (o el sacerdote), dice:
 Lectura del santo Evangelio según san Mateo.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
℟.:
 Gloria a ti, Señor.
 
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
℣.:
 J
esús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.»
    Jesús le respondió: «Está escrito:
    "El hombre no vive solamente de pan,
    sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"».

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito:
    "Dios dará órdenes a sus ángeles,
    y ellos te llevarán en sus manos
    para que tu pie no tropiece con ninguna piedra"».

Jesús le respondió: «También está escrito:
    "No tentarás al Señor, tu Dios"».

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme.»
Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito:
    "Adorarás al Señor, Dios,
    y a Él solo rendirás culto"».

    Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
℣.:  Palabra del Señor.
℟.:  Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Luego besa el libro, diciendo la oración en silencio.
 
HOMILÍA 

Luego se pronuncia la homilía, que es responsabilidad del sacerdote o diácono.
 
CREDO
(Simbolo de los Apostoles)

Terminada la homilía, se canta o se dice el Símbolo o Profesión de fe:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, 
En las palabras que siguen, hasta María Virgen, todos se inclinan.
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
 
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

ORACIÓN UNIVERSAL

Después se hace la oración universal.
Pres.: Intercedamos ante la divina clemencia, implorando su misericordia en favor de todos los hombres y suplicando el perdón para cuantos hemos pecado. A cada petición responderemos:
℟.:  Te rogamos, Señor.
 
1. Para que, en este tiempo de Cuaresma, Dios conceda a todos los fieles la fuerza necesaria para luchar contra el mal, convertirse de su mala conducta y retornar al camino del bien, roguemos al Señor.

2. Para que quienes abundan en bienes de la tierra sepan moderar el uso de sus propias riquezas en provecho de los necesitados y no vivan absortos en los bienes de este mundo, roguemos al Señor.

3. Para que quienes se han alejado de la Iglesia a causa de nuestros escándalos o de nuestra tibieza se reincorporen a la familia de Dios, y a nosotros el Señor perdone nuestras faltas, roguemos al Señor.

4. Para que nuestros corazones lleguen a ser – por medio de la penitencia cuaresmal– aquella tierra fecunda en la que la Palabra de Dios produce fruto del ciento por uno, roguemos al Señor.

4. Por nuestra Comunidad, para que siga conservando la misma fe, amor y esperanza en Cristo que ha mantenido desde hace 11 años, roguemos al Señor:

Pres. Dios nuestro, que conoces la fragilidad de la naturaleza humana, herida por el pecado de Adán, escucha las oraciones de tu pueblo y concédele iniciar el camino cuaresmal con la fuerza de tu Palabra, para que venza las tentaciones del Maligno y llegue, con gozo, a las fiestas pascuales. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA
 
PRESENTACIÓN DE LOS DONES
(Te Ofrecemos Padre Eterno - Tradicional)

Terminado lo anterior, comienza el canto para el ofertorio. Mientras tanto, los ministros colocan sobre el altar el corporal, el purificador, el cáliz, la palia y el misal.

TE OFRECEMOS, PADRE ETERNO, GRAN SEÑOR,
LAS OFRENDAS QUE HOY PONEMOS EN TU ALTAR;
Y CON ELLAS NUESTRA VIDA Y TODO LO QUE SOMOS.

POR LOS CAMPOS DISPERSO EN ESPIGAS,
HECHO PAN TE OFRECEMOS SUS GRANOS,
COMO SIGNO DE UNIÓN Y DE FE.

ESTE PAN MEMORIAL DE SU MUERTE
TE OFRECEMOS, SEÑOR, Y ORAMOS:
SÉ PROPICIO A TU PUEBLO, SEÑOR.

DE SU SANGRE ES FIGURA ESTE CÁLIZ,
POR LA NUEVA ALIANZA, VERTIDA
PARA DAR DEL PECADO EL PERDÓN.
 
El sacerdote, de pie ante el altar, recibe la patena con el pan en las manos y, levantándola un poco por encima del altar, dice la oración:
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros pan de vida. 
 
Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego coloca la patena con el pan sobre el corporal.

El diácono o sacerdote vierte vino y un poco de agua en el cáliz, orando en silencio.
Luego, el sacerdote recibe el cáliz en sus manos y, levantándolo un poco por encima del altar, dice la oración: 
Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos; él será para nosotros bebida de salvación.

Si no se hace el canto para el ofertorio, el sacerdote puede decir estas palabras en voz alta; al final, el pueblo puede aclamar: 
℟. Bendito seas por siempre, Señor. 
Luego, coloca el cáliz sobre el corporal.
 
Luego el sacerdote, profundamente inclinado, reza en silencio. Y, si procede, inciensa las ofrendas, la cruz y el altar. Después, el diácono u otro ministro inciensa al sacerdote y al pueblo.
Luego, el sacerdote, de pie junto al altar, se lava las manos y dice la oración en silencio.
 
El sacerdote, de pie en el centro del altar, dice:
Pres.: Oren, hermanos, para que, trayendo al altar los gozos y las fatigas de cada día, nos dispongamos a ofrecer el sacrificio agradable a Dios, Padre todopoderoso.
℟.: El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.
 
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
 
Luego el sacerdote dice la oración sobre las ofrendas:
Pres.: Te pedimos, Señor, que nos hagas dignos de estos dones que vamos a ofrecerte, ya que con ellos celebramos el inicio de este sacramento cuaresmal. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

PREFACIO
(Las tentaciones del Señor)

El sacerdote comienza la plegaria eucarística con el prefacio. Dice:
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

El sacerdote prosigue:
Pres.: Levantemos el corazón.
℟.: Lo tenemos levantado hacia el Señor.

El sacerdote añade:
Pres.: Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟.: Es justo y necesario.

El sacerdote prosigue el prefacio.
Pres.: 
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque él mismo, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento, consagró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal y, al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a superar la seducción del pecado, para que, después de celebrar con espíritu renovado el misterio pascual, pasemos finalmente a la Pascua eterna. 

Por eso, con los coros de los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza, diciendo sin cesar:
 
En unión con el pueblo, concluye el prefacio, cantando o diciendo en voz alta:
℟.:
 Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA 
«DE LA RECONCILIACIÓN» I

El sacerdote dice:
Pres.: Santo eres en verdad, Señor, que desde el principio del mundo obras siempre para que el hombre sea santo, como tú mismo eres santo.
 
Pres.: Te pedimos que mires los dones de tu pueblo, y derrames sobre ellos la fuerza de tu Espíritu para que se conviertan en el Cuerpo  y Sangre de tu amado Hijo, Jesucristo, en quien nosotros también somos hijos tuyos.

Pres.: Aunque en otro tiempo estábamos perdidos y éramos incapaces de acercarnos a ti, nos amaste hasta el extremo: tu Hijo, que es el único Justo, se entregó a sí mismo a la muerte, aceptando ser clavado en la cruz por nosotros.

Pero antes de que sus brazos, extendidos entre el cielo y la tierra trazasen el signo indeleble de tu alianza, él mismo quiso celebrar la Pascua con sus discípulos.
 
El relato de la institución de la Eucaristía debe darse de forma clara y audible, como lo exige su naturaleza.
Pres.: Mientras comía con ellos,

Toma el pan y, manteniéndolo un poco elevado sobre el altar, continúa:
tomó pan, y dando gracias te bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:
TOMEN Y COMAN TODOS DE EL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Muestra al pueblo la hostia consagrada, la coloca en la patena y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.:  Del mismo modo, acabada la cena, sabiendo que iba a reconciliar todas las cosas en sí mismo, por su sangre derramada en la cruz,

Toma el cáliz en sus manos y, manteniéndolo ligeramente elevado sobre el altar, continúa:
tomó el cáliz, lleno del fruto de la vid, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:
TOMEN Y BEBAN TODOS DE EL, PORQUE ESTA ES MI SANGRE QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MIA.

Muestra el cáliz al pueblo, la coloca sobre su cuerpo y hace una genuflexión en adoración.
 
El sacerdote prosigue:
Pres.: Éste es el Misterio de la fe, Cristo nos redimió.
℟.: Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.
 
Después, el sacerdote, con las manos extendidas dice:
Pres.: Así, al celebrar el memorial de tu Hijo Jesucristo, nuestra Pascua y nuestra paz verdadera, hacemos presente su muerte y resurrección de entre los muertos, y, mientras esperamos la venida gloriosa, te ofrecemos, Dios fiel y misericordioso, la víctima que reconcilia a los hombres contigo.

Mira bondadosamente, Padre, a quienes unes a ti por el sacrificio te tu Hijo, y concédeles, por la fuerza del Espíritu Santo, que, participando de un mismo pan y de un mismo cáliz, formen en Cristo un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división.
 
C1: Guárdanos siempre en comunión de fe y amor con nuestro Papa Benedicto, y con nuestro Obispo N. Ayúdanos a esperar la venida de tu reino hasta la hora en que nos presentemos a ti, santos entre los santos del cielo, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y con todos los santos, y con nuestros hermanos difuntos, que confiamos humildemente a tu misericordia.

Entonces, liberados por fin de toda corrupción y constituidos plenamente en nuevas criaturas, te cantaremos gozosos la acción de gracias

Junta las manos.
de tu Ungido, que vive eternamente.
 
Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos elevados, dice:
Pres.: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
℟.: Amén.
RITO DE COMUNIÓN
 
Una vez que ha dejado el cáliz y la patena, el sacerdote, con las manos juntas, dice:
Pres.:
 Antes de participar en el banquete de la Eucaristía, signo de reconciliación y vínculo de unión fraterna, oremos juntos como el Señor nos ha enseñado:

Junto con el pueblo, continúa:
℟.:
 Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal

El sacerdote prosigue él solo:
Pres.: Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
℟.:
 Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.

Después el sacerdote dice en voz alta:
Pres.:
 Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: "La paz les dejo, mi paz les doy", no tengas en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad.
El sacerdote junta sus manos y concluye:
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
℟.: Amén.

El sacerdote añade:
Pres.: La paz del Señor esté siempre con ustedes
℟.: Y con tu espíritu.

Luego, si se juzga oportuno, el diácono, o el sacerdote, añade: 
℣.: Como hijos de Dios, intercambien ahora un signo de comunión fraterna.

Y cada uno, según la costumbre del lugar, se manifiesta entre sí paz, comunión y caridad; el sacerdote da la paz al diácono y a los demás ministros.
 
Luego, el sacerdote parte el pan consagrado sobre la patena y coloca un trozo en el cáliz, orando en silencio.
 
Se canta o se dice:
℟.: 
 Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
 
El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado y, sosteniéndolo un poco elevado sobre la patena, lo muestra al pueblo, diciendo:
Pres.: Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor.
℟.: Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme.
 
COMUNIÓN
(Caminaré - Popular)
 
Después de comulgar, el sacerdote se acerca a los que quieren comulgar y les presenta el pan consagrado, diciendo a cada uno de ellos:
℣.:
 El Cuerpo de Cristo.
El que va a comulgar responde:
℟.: Amén.

//CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR//

AMO AL SEÑOR PORQUE ESCUCHA 
MI VOZ SUPLICANTE 
PORQUE INCLINA SU OÍDO HACIA MÍ 
EL DÍA QUE LO INVOCÓ. ℟.

ME ENVOLVÍAN REDES DE MUERTE
CAÍ EN TRISTEZA Y EN ANGUSTIA 
INVOQUÉ EL NOMBRE DEL SEÑOR:
SEÑOR, SALVA MI VIDA! ℟.

EL SEÑOR ES BENIGNO Y JUSTO
NUESTRO DIOS ES COMPASIVO
EL SEÑOR GUARDA A LOS SENCILLOS; 
ESTANDO YO SIN FUERZAS, ME SALVÓ! ℟.

ALMA MÍA, RECOBRA TU CALMA 
QUE EL SEÑOR FUE BUENO CONTIGO:
ARRANCÓ MI ALMA DE LA MUERTE,
MIS OJOS DE LAS LÁGRIMAS,
MIS PIES DE LA CAÍDA. ℟.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
(Cfr. Sal 90, 4)

Si no hay canto de comunión, se recita la antífona: 
℣.:
 
El Señor te cubrirá con sus plumas, y bajo sus alas encontrarás refugio.

Después, el sacerdote puede ir a la sede. Si se juzga oportuno, se pueden guardar unos momentos de silencio o cantar un salmo o cántico de alabanza.
 
Y todos, junto con el sacerdote, oran en silencio durante unos momentos, a no ser que este silencio ya se haya hecho antes.
 
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
 
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice la oración después de la comunión.
Pres.: Oremos.
El sacerdote, con los brazos abiertos, dice la oración:
Alimentados, Señor, de este pan celestial que nutre la fe, hace crecer la esperanza y fortalece la caridad, te suplicamos la gracia de aprender a sentir hambre de aquel que es el pan vivo y verdadero, y a vivir de toda palabra que procede de tu boca. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

 
RITO DE CONCLUSIÓN
 
BENDICIÓN FINAL
(Bendición sobre el pueblo)
 
En este momento se hacen, si es necesario y con brevedad, los oportunos anuncios o advertencias al pueblo.
 
Después tiene lugar la despedida. El sacerdote extiende las manos hacia el pueblo y dice
Pres.: El Señor esté con ustedes.
℟.: Y con tu espíritu.

Pres.: Derrama sobre tu pueblo, Señor, la abundancia de tu bendición para que su esperanza crezca en la adversidad, su virtud se fortalezca en la tentación, y alcance la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
℟.: Amén.

El sacerdote bendice al pueblo, diciendo:
Pres.:
 Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo  y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
℟.: Amén.
 
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
℣.:
 En el nombre del Señor, pueden ir en paz.
℟.: Demos gracias a Dios.

ANTIFONA MARIANA
(Ave, Regina Caelorum)
En latín:
Ave, Regina Caelorum, 
Ave, Domina Angelorum: Salve, radix, salve, porta Ex qua mundo lux est orta: Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes specioa, Vale, o valde decora, Et pro nobis Christum exora.
En español:
Salve, Reina de los cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz. Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros

Después el sacerdote se retira a la sacristía.